Las cosas no nacen de la nada, y son pocas las que lo consiguen por generación espontánea, como la hierba en los campos salvajes o en los montes. Pero en el mundo de los seres humanos, todo logro es fruto del esfuerzo y la inteligencia, sumado a la lógica, la corazonada y la sensatez de saber esperar, y no dormirse.
No nos vienen a tocar el timbre de nuestra casa, para traernos el Premio Pulitzer si no hemos escrito el libro que lo merezca o el Oscar de la Academia de Hollywood, sin realizar la película que gane la competencia Internacional, en su rubro. Todo exige, necesita, nace de un trabajo previo. El universo funciona bien sin el hombre, es más, yo diría que sería maravilloso. Todo seguiría su ritmo sin alterarlo por la ambición ni los caprichos a los que nos hemos acostumbrado. Todo está en su lugar, siempre. Incluidos, por supuesto, los cataclismos, cambios telúricos, accidentes geográficos, deshielos naturales, todo sigue un Orden Superior para equilibrar y nivelar. Sólo el hombre se creyó capaz de manejar la materia, el hábitat, su paraíso. Creyendo, desde la soberbia, que lo haría mejor que el Gran Creador. Quien tendría la soberbia de decir que Dios se “equivocó”, cuando hizo muy fríos los inviernos y tan cálidos algunos veranos. Hubo, en distintos momentos y circunstancias de nuestra humanidad, hasta quien pretendió manejar o manipular el clima. ¿Puede decirse o pretenderse algo más estúpido? ¿No sería más lógico y sensato mudarnos a un lugar del planeta donde sus condiciones meteorológicas sean más afines con nuestros gustos? Pero, somos tercos. Nos empecinamos en calentar los polos y enfriar las arenas de los desiertos…

Contradictorio, déspota, irreverente, ilógico, soberbio, todos estos calificativos le pueden caer muy bien a más de un terráqueo. Pero no estoy denigrando a nuestra especie ya que, de hecho, yo pertenezco a la misma. Con una enorme diferencia, tengo otra consciencia. No lucho contra los gigantes que eran “molinos de viento” –como intentaba el Hidalgo Caballero Don Quijote de la Mancha- en la célebre novela de Miguel de Cervantes Saavedra. Ya que aprendí que son molinos… Volvamos a nuestros días y nuestra “realidad”. (me cuesta poner realidad sin comillas, porque es como la vea cada uno), pero admitiendo que ciertas cosas de este mundo ya están establecidas y aceptadas como normales, me voy a referir a una máxima espiritual, digna del propio Maestro Jesús: “No pidas pescado, aprende a pescar”. En lo cotidiano, he visto decenas de veces, chorrear una canilla domiciliaria porque sus habitantes no saben cambiarle el “cuerito”, como se le llama vulgarmente a la válvula de caucho o cuero que obtura el grifo cuando queremos cerrar el paso del agua. Y ese líquido valiosísimo, se sigue desperdiciando.
Si no actuamos, el universo no lo hará por nosotros. No pidamos pescado cuando ya tenemos hambre. Aprendamos a pescar antes, cuando estemos satisfechos y provistos de las cañas o redes adecuadas..
No quiero abundar en este concepto, pero sí cerrar con algo que aprendí, viviendo, equivocándome y acertando. Soy el fruto sabroso de mi propio árbol. Me planté en la consciencia la semilla de la sensatez. Ahora disfruto todo lo bueno que estoy cosechando. Se puede lograr todo lo bueno y noble que uno se proponga. Dios otorga según merecimiento, pero no regala pescado ni siquiera crudo. Hay que aprender a pescar. (Ah… y cuando lo prepares para comer, verás que es muy rico y nutritivo). Ese es mi deseo. ¡Buena pesca y mejor cosecha!

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Estuve notando que las reflexiones de mi Sitio que tratan temas delicados, polémicos, un poco tabúes, como las relaciones entre dos personas del mismo sexo, a las que se podría llamar gays o “no convencionales”, son los que mejor repercusión y aceptación tienen en mis lectores. Creo que hacía falta desde hace tiempo “hablar a calzoncillo quitado” (frase muy oportuna y metafórica), y yo lo hice desde que manifesté mi propia historia personal con mi novio. Por otro lado, les cuento que esta es la última nota que escribo con ese eje temático. Ya dije mucho o casi todo al respecto y con la más cruda sinceridad como hago siempre. Hablé de los gays, respetando en primer lugar, que son personas tan dignas y valiosas como los heterosexuales. Que sus gustos en la cama, sean otros no los hace menos honorables, al contrario. Hay que tener “bien puestos los testículos” para no ocultarlo. Por eso siempre he tratado de comprender, justificar y dignificarlos, más allá de mi propia condición.
Luego me ocupé de la opinión o cara opuesta, como es su discriminación y le dí unos cuántos palos a los homo fóbicos, a los hipócritas, a los falsos moralistas, y todo un espectro de gente con la mente cerrada que mantiene vivos los conceptos del siglo pasado. Como si esas normativas o costumbres fueran preceptos universales y toda la humanidad estuviera condenada a cumplirlos sí o sí. Dios no se “ofende”, ni enoja, ni castiga, ni juzga, ni critica lo que hagamos de nuestra vida. Dije “nuestra” vida, en obvia referencia a no invadir, perturbar ni querer cambiar, jamás, la de otra persona. Lo que digan las Escrituras, es un buen referente, pero se puede tener en cuenta o no. Eso es personal. Por eso, siendo preciso y específico, me estoy refiriendo a la elección sexual que uno haga en cualquier momento de su vida. Se puede descubrir, incluso siendo muy joven que uno siente diferente de lo (mal llamado) “natural”. Porque también es natural, que siendo hombres, nos atraiga otro hombre. Entiendo que legalmente (no soy abogado) haya que tener en cuenta y penalizar (con todo el rigor de la ley vigente) a quienes cometan abusos, de cualquier índole, como acosos, mal trato moral, e inclusive la aberrante violación de una o un menor. No estoy desacreditando ni desvalorizando a la Justicia, cuando actúa en su debida forma y con las pruebas necesarias para tal demanda e impone el castigo al infractor. Eso está perfecto. Es indiscutible. Aunque haya que pulir las investigaciones, cláusulas, incisos de los códigos penales, dictámenes de jueces, y toda la parafernalia burocrática. Específicamente me refiero a la elección individual e ntima de los adultos, con suficiente uso de razón. A todos los que son capaces de discernir, conscientes, y sin problemas sicológicos ni de inmadurez intelectual. Una excepción o variante, podrían ser las personas de capacidad diferentes, donde sí, puede estar reducida su posibilidad de reaccionar o entender lo que le está ocurriendo y así sean más fácilmente víctimas de un depravado. Read the rest of this entry »

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Un día le pregunté a mi pareja, sobre qué tema le parecía interesante, para que yo hiciera una reflexión en este Sitio. Roberto, hizo una pausa y me dijo: La tolerancia. ¡Y si hay algo que no puedo tolerar, es que me digan lo que tengo que hacer o escribir! ja…ja…ja…

Empiezo con este “chiste simple”, porque justamente, quiero hablar de lo contrario, que es muy complejo. Es importantísimo tener en cuenta este detalle de la tolerancia, ya que, en realidad, es la base fundacional  e imprescindible, para establecer una relación humana, de cualquier tipo.
Somos quisquillosos, irritables, inestables, egoístas… en fin. Si no vamos a tolerar a un “jefe”, ni a una esposa o esposo, ni el ruido que generan, naturalmente los chicos o las mascotas, inclusive el vecino que es herrero… entonces, podemos hacernos monjes o ermitaños, y encerrarnos en un monasterio o convento, en medio del monte más alejado del mundo habitado, o en la cima de una montaña, y dejarnos morir con la tonta idea de estarespiritualizándonos. Mentira. Eso no funciona. Nada está más lejos que quererevolucionar, en los mundos de la consciencia y el alma, cuando todavía no sabemos tolerar al semejante o diferente. No es lo mismo tolerar que “aguantar”, porque este último verbo sí, tiene una connotación de sufrimiento. Son muy distintos. Nadie tiene que soportar o sufrir al otro. Sino acompañarlo, conocerlo y, por ende, comprenderlo, darle su espacio, respetar sus hábitos, nos gusten o no. Por ejemplo, (y es algo muy común y frecuente), si uno de los integrantes de la pareja fuma, o gusta de escuchar música a todo volumen y el otro no, hay que delimitar áreas de la casa, o momentos del día, donde hacerlo no perjudique a quien no tiene esos hábitos. Tener la delicada atención de no invadir al compañero, ni con el reclamo ni con la presencia innecesaria. Interrumpirlo en sus momentos de descanso, es ser injusto. En cambio, permitirle ser como quiere, eso es verdadero amor. Lo que ocurre es que no tenemos siempre presente, que amor es una palabra hermosísima, pero ya demasiado bastardeada, deformada, frivolizada. Le damos un solo significado, tal vez el más obvio, y lo vemos representado en la imagen de la parejita besándose en la playa. Mientras que, el verdadero amor, va mucho más allá, que una definición o una composición literaria o fotográfica. Vean, en la ilustración de esta nota, al gatito durmiento debajo de la oreja del perro. Es sublime. Un acto, una conducta, un entregar sin pedir, un descubrir la necesidad del amado o del necesitado y satisfacerla. Y la de los patitos “diferentes”, también.
En el orden hogareño y humano, hay mil oportunidades de expresar amor. Enseñarle algún truco o atajo para hacer más fácil un trabajo en el ordenador. Prepararle un café o un postre que le guste, los elementos del mate o la toalla calentita para cuando salga de ducharse. Darle un abrazo fuerte (o un beso muy suave y tierno) cuando no lo espera, y no sólo cuando se va o llega del trabajo, como simple y casi mentirosa rutina. Amar es no tener que pedir perdón -como se dice en la película “Love Story”. Read the rest of this entry »

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Decimos que somos respetuosos, cariñosos, espirituales, justos y compasivos. Y no es tan así. En la primera oportunidad en que nos enojamos por algo que nos ocurre ajeno a la persona que tenemos delante, reaccionamos mal. Por ejemplo, tras una discusión con alguien en el trabajo, o si tenemos un incidente de tránsito en la calle, nos transformamos. Y luego le contestamos con pésimo tono a nuestros seres queridos. La excusa más esgrimida, como disculpa, ya es clásica e irrelevante: ¿Y qué pretendes, que esté de buen humor, si ese tipo “me” puso como loco? Claro, no dice “me puse”, no acepta que él mismo cambió su humor, no fue la situación.
No aprendió todavía a desoír lo que no conviene, como entre otras situaciones, la opinión de cierta gente que no nos interesa tratar, ni como conocidos.
Y a un uno le da gana de decirle mil cosas, al desaforado. La primera y la más obvia, es que debiera dejar sus problemas de la calle, precisamente en la calle, y entrar a su casa con una sonrisa. Y no olvidar que al llegar al hogar, lo espera el cariño de su pareja o sus hijos y ellos no son responsables por su mal día. Pero para evitar discutir y no aumentar el malestar, uno se calla, aunque se queda con ese sabor amargo, un dolor inmerecido, innecesario, alojado en el alma. Porque el mayor daño tal vez no sea el grito, o las palabrotas para el oído, sino la forma agresiva y el tono desagradable con que nos hablaron. Es mucho más frecuente de lo que tomamos consciencia. Nos falta tolerancia, prudencia, equilibrio para olvidar el incidente. Y nos desahogamos mal. Algo, como una cicatriz, siempre queda varios días en la memoria del que recibe ese trato. Decime si no tengo razón… Read the rest of this entry »

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(en humilde homenaje al amor que comparto con Roberto Miguel Albelo)

A NUEVOS PUERTOS

No siento frío en los inviernos,
ni siento miedo en mis caminos.
Voy de tu mano, y no tropiezo,
porque ya entraste en mi destino.

No quema el sol de los veranos,
ni tengo sed en los desiertos.
Y esa frescura, que nos damos,
va en nuestra barca, a nuevos puertos.

UN CANTO Y UNA RISA

Llegó el amor, un día de septiembre,
apenas comenzó la primavera,
y se llenó de flores mi esperanza,
con la alegría de una vida nueva.

Entró a mi corazón luz y energía,
me sentí renaciendo de cenizas.
Estaba vivo otra vez, y en cada día,
vuelvo a estrenar un canto y una risa.

Oscar Capobianco
01/05/2012

Las puedes escuchar -dichas por mí- en este link:
2 poemas para Beto

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El ser humano es una permanente dicotomía.
Se divide a si mismo, en lugar de unificarse, sumar fuerzas con sus iguales, acompañar sus aspiraciones, fortificar la idea de humanidad, y elevarse por la cooperación mutua. Vive a contramarcha de todo lo que hace a la sana convivencia en el planeta. Y habría mil razones a enumerar, por las cuales seguimos sin “abrir” la cabeza, porque no encontramos la llave. Y no vemos que algo nuestro está al revés. Así, siendo inconscientes, nos hacemos solitarios y amontonados. Durando y no viviendo. Hacinados en edificios oscuros, en ciudades polucionadas, que no son otra cosa más que cárceles con tecnología, ambientes sin oxígeno, sin aire real, sólo el “acondicionado”, pero que no tiene la condición del aire puro y natural. Se sobrevive corriendo, se trabaja demasiado, con estrés, con angustias, para luego viajar mal y encerrarse en departamentos muy pequeños, apretados, pegados, demasiado cerca, pero muy aislados entre sí. Las construcciones rápidas y comerciales, hacen jaulitas con bebederos y comederos, del tipo para alimentar a los pájaros y no viviendas, con los verdaderos comedores, amplios, luminosos, donde antes se reunía toda la familia y sobraba lugar para una docena de amigos o vecinos. El mayor sacrificio, parece ser dejar de alquilar y conseguir la compra de la vivienda propia. ¿Y qué es lo que se logra, la mayoría de las veces? Una conejera. Pequeños bunkers para protegerse de sus propios miedos. Hay gente pudiente que sí, dimensiona más abundante su propio encierro y lo llama piso, propiedad horizontal, loft, pero en definitiva, es la misma limitación, con más metros cuadrados cubiertos. Eterna paradoja. Se ponen rejas por seguridad por todos lados. Aumenta la delincuencia y la inseguridad. Y como consecuencia, se le teme a la noche, a caminar por un lugar desconocido, en definitiva, al semejante. A quien es igual a mí. Entonces, ¿tendríamos que tener confianza en lo diferente? ¿Alejarnos del hombre? Está bien, es una idea, pero… ¿cómo viviríamos si sólo nos rodeáramos de piedras, animales o árboles? Mucho mejor, por supuesto. La soledad es más segura, aunque sea más triste. Pero la naturaleza es sana y alegre. Lo que la envenena es el llamado progreso, que es la nueva versión del retroceso. Y cambiamos valores. Tergiversamos. Vendemos el honor y empiezan los miedos… Read the rest of this entry »

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Te quiero mostrar un pantallazo de cómo vivimos, la mayoría de los humanos, cuando caemos en el egoísmo por intereses materiales y frívolos, y nos olvidamos del amor.
La foto que elegí para ilustrar esta nota es obra de Claudio Ghianda. ¡Es tan evidente el mensaje visual! El otro parece no existir para el conductor de esa moto, se le puede pasar por encima. Literalmente lo “pisa” al estacionar, y puede ignorarlo, no verlo, hasta lastimarlo. El otro (que es un ser humano como todos), a quien se le reservó un lugar en la sociedad, parece no tener derechos, y ser un obstáculo, una cosa, un individuo sin importancia, un bicho, y hasta un estorbo, (aunque se mueva en silla de ruedas) y cree que está ocupando su camino. Y lo peor: Tal vez lo llega a considerar algo inferior y no alguien que es igual o mejor que nosotros.
¿Qué nos pasó? ¿Dónde cambiamos tanto de rumbo y perdimos la consciencia? ¿Quién nos robó el respeto?
Estamos viviendo en una sociedad enferma que, por soledades individuales, provoca su mal general. Pero sigue muy tapada por ruidos sin palabras, aspirando éxitos de cartulina pintada, y ocupándose en supuestas distracciones, que sólo sirven como tristes paliativos. No como soluciones a la insatisfacción de no ser amados, que subyace en el irrespetuoso…
Pero sabemos o debiéramos saber, que nadie tendrá la felicidad, aislándose de la realidad. Y la realidad, no es mala. Jamás invalida a la fantasía, sino que la integra en las proporciones que nosotros mismos vamos regulando. La fórmula sería: Los dos pies en la Tierra, con el alma y el corazón mirando al Cielo. La medida de las cosas y hechos es sólo una interpretación. Pero estamos viendo mal. Entendiendo mal. Cambiemos la manera de mirar. Ahí está el gran secreto de la paz. Todo está en su lugar, no lo malogremos. No amamos la vida. Hay miles de ejemplos cotidianos.
Algunos al azar: Un pájaro tiene tanto derecho como el humano a su vida. No es el blanco para un chico que le tira el piedrazo con una honda. Un peatón cruzando la calle, tampoco es un cono de plástico, anaranjado y blanco, de los que se usan en vialidad o para aprender a manejar y estacionar un vehículo. Es un alma encarnada. Como cada uno de nosotros. No podemos no verlo y atropellarlo. Así se conduce. Así nos manejamos, y nunca peor entendida la palabra. Manejar es dominar, contener, evitar, prever, respetar.
Alguna estadística podrá decir, mejor que yo, cuántos miles de accidentes, muertes y desastres se podrían evitar usando, no sólo cascos protectores para la cabeza, airbags o cinturones de seguridad, sino reviendo nuestra idea del respeto a los demás.
Pero si lo digo en mi sitio, me van a contradecir diciendo que: hoy se vive a un ritmo que exige velocidad. En los automóviles, en los trámites, hasta en las horas de descanso. ¡Qué absurdo! ¿Velocidad es ceguera, impiedad o negación? Acaso, ¿es más importante producir bienes, que disfrutar más de los bienes ya obtenidos? Y en estas disyuntivas, se pierde el control de la lógica y la razón (necesarias hasta para el alma, en muchas ocasiones). Pero caemos muy rápido en la indiferencia, la desidia, la insensibilidad, que son algunos de los tantos sinónimos de la falta de respeto.
El primero, y fundamental, otorgado por Dios, es el respeto a la Vida. Y yo agregaría que: el segundo punto es cuidar la vida del otro, más que la propia. De la nuestra podríamos hacer lo que querramos por el derecho del Libre Albedrío. Pero nunca invadiendo la paz, el lugar o la seguridad de los demás.
Concluyo con un pedido: Si saben quién nos robó el respeto, por favor, avísenme. Le voy a iniciar una demanda por daño moral y emocional . En lo terreno y espiritual, la propia vida se ocupará de cobrarse los errores de conducta de los indiferentes. Cada uno termina pagando bien caro las facturas que debe. Es una Ley Universal y mi propia convicción. Que puedas aportar tu cuota de amor a esta idea. Yo traté de hacerlo aquí. Ojalá sirva para reflexionar.

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Es realmente triste ver cuánta gente que no sabe vivir, se siente “incómoda” y se enoja, inconscientemente, cuando ve felices a los demás, como ahora estamos nosotros. Roberto y yo, supimos romper moldes y ser una pareja más, pero sin los prejuicios de cierta parte obsoleta de nuestra sociedad. Las personas que no “lo aceptan” son fundamentalmente reprimidos o mediocres mentales, y no lo digo para descalificarlas, sino como definición de su incapacidad de comprensión y respeto a la forma de vida que elija un semejante. Nadie que sea inteligente y haya crecido interiormente se podría comportar de esa manera discriminadora o reprobatoria. Sería muy bueno que, quienes se sientan infelices, se preguntaran a sí mismos que están haciendo por sus propias vidas y por donde se les escapan sus derechos y por ende, su felicidad. Tampoco se trata de intentar ser feliz, imitando a otros, sino de estimularse, estudiarse, creer en uno, crecer intelectual y espiritualmante y sentir que ser dichoso es tan posible y fácil como lo contrario. Y aceptar que si alguien alcanzó la felicidad, es porque cambió su estado mental, y adoptó una nueva actitud de vida, algo que se puede producir, generar, elaborar y hacer brillar en nuestros ojos. No se quedó con los mandatos paternos, caducos, obsoletos, aunque hayan servido como patrón de dignidad, honorabilidad o lo que fuere. Indudablemente, lo que no fueron es ser ejemplo de honestidad. Ya que cada uno tiene el derecho indiscutible de ser como decida, siempre y cuando no afecte a un tercero. Nosotros, es decir las parejas de un mismo sexo, estamos aportando alegría y mejor vida a nuestro compañero. Todo un aporte significativo en un mundo que vive amargado y quejándose de su suerte. Algo que no existe, es una palabra mentirosa. Todo es fruto. Lo que ocurre es que no aprendemos a sembrar y pretendemos cosechar de las ramas secas de un árbol caído hace siglos…
Con respecto a las libertades individuales, vengo diciendo, desde hace muchísimos años, que comprobé (por varios estudios psicológicos y humanísticos en distintas áreas, que cada uno arma y mantiene su propio mundo, se provoca pesares y tropiezos o embellece y allana su destino. Todo lo que vive lo elije, lo acepta, lo soporta renegando… o lo cambia, pero la infelicidad no es algo inevitable, mala suerte, ni una condena del Universo, mucho menos de Dios. La felicidad, en cambio, es el fruto de nuestro accionar y por cada cosa que decidimos o elegimos. Por algo, algunos triunfan en casi todo lo que hacen y en cualquier profesión, y otro, los renegados, no consiguen cultivarse ni para escribir cuatro palabras seguidas con sentido. Hasta hay incapaces de enhebrar una aguja. Por eso, en esta reflexión, como punto principal, te sugiero: Cada vez que veas un gesto raro en quien te escucha, no lo desatiendas, es una alerta. Si enciende un cigarrillo y mira para otro lado, mientras le estés contando un logro tuyo,  te conviene cambiar inmediatamente de tema. Y hablar del tiempo, de la ropa que tiene puesta o de un equipo de fútbol, pero no le des más argumentos con detalles de tu “buena suerte”, porque luego le servirán al incapaz, para envidiarte. Se nota enseguida cuando les cae mal nuestro estado de armonía, paz y dicha, porque critican algo nuestro o nos preguntan alguna estupidez.
No soportan escucharte lo que ellos no pueden decir de sus vidas. (Sigue leyendo que viene lo mejor): Read the rest of this entry »

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Nos viven juzgando. A mucha gente le parece equivocado o mal lo que hemos decidido. Con o sin derecho sobre nuestras vidas, dan su opinión, pero disfrazándola de consejo o sabiduría. Y muchas veces, imprimiendo a sus palabras un tono autoritario y muy despectivo aludiendo a que somos hombres y debiéramos contener nuestras emociones, tristezas o lágrimas.
Y eso nos corresponde como seres sensibles. No somos débiles ni estamos limitados emocionalmente por nuestra condición de varones. Al contrario. Muchas veces se dijo y yo lo creo, que el hombre es más noble con sus sentimientos y si se enamora, lo hace más profunda y sinceramente que una mujer. Pero, volviendo al derecho individual. Nadie, debe tratar con dureza y crueldad a nadie ni desmerecer su entereza. Ya sea la opinión de una esposa, o el padre a su hijo. Debemos ser mucho más cautos y piadosos, cuando corregimos en algo que hace mal o creemos que se equivoca otra persona. No es lo mismo ser firme y concreto en lo que se le indica o lo que pide un educador. Allí sí, se justifica cierta firmeza y certidumbre (no dije autoritarismo ni dureza) que es muy distinto.
Por el contrario, usando un tono cordial, cálido, pausado, y respetuoso de su dignidad como persona independiente, dándole el tiempo necesario (muy distinto en cada uno) para que asimile la enseñanza. Y seguramente, ese ser terminará agradeciendo y admirando a su consejero o instructor por su calidad humana al transmitirle una enseñanza, e inclusive una orden puntual, sobre lo que necesita solucionar, pero con el respeto que merece.

No es lo mismo pegar un grito desaforado y poner cara de perro rabioso, cuando indicamos algo, que manifestar, sin reproches antiguos, el pedido de cambiar una conducta o la pauta de convivencia que corresponda en cada momento. Todo se puede convenir, negociar, conversar, corregir. Y una vez establecidos los nuevos códigos, estos sí, exigirán otra forma de obediencia. Pero que sea mutua, consensuada. No unilateral e impuesta por el de mayor jerarquía y aprovechando la ignorancia del discípulo, la dependencia de nuestros hijos o la menor capacidad intelectual de quien esté a nuestro cargo.

Si al hablar, o enseñar, nos vamos del tono correcto y el volumen adecuado, se produce el efecto contrario. Esa sutil gama, que va de la palabra tierna al insulto o directamente, el agravio a su inteligencia, sólo va a lograr una obediencia por miedo al castigo y no una verdadera asimilación de lo explicado. Lo que pretendemos enseñar a nuestros hijos o alumnos, deber se algo sensato y que luego le sirva para vivir más productivamente en su futuro como adolescente y adulto.

Pero, con demasiada frecuencia, soltamos un grito atemorizador, amenazante, duro, en reemplazo de la palabra aleccionadora. Y allí empieza un sutil resentimiento en quien, por inteligencia (ya desarrollada, aunque el adulto no la perciba) que se suma a inevitables rencores, dolor, y miedos. Esa criatura, lo demuestre o no, se va convirtiendo en un muñeco sin vida propia, sin capacidad de elección, y como si funcionara por el capricho de sus mayores, mediante un control remoto que obedece según el botoncito que apriete su padre, madre o instructor, profesor, o incluso, sacerdote, para accionarlo. No se enseña por el temor sino por la iluminación de su consciencia. Bajemos el volumen, dulcifiquemos el tono de nuestras palabras, sin temor a perder autoridad. Porque esta se afirma en el respeto no en lo impuesto a nivel militar. Estamos en la vida civil, depongamos los fusiles de la contienda. Y entonces, jugando con las palabras, haremos que nos “entienda”. De allí a la armonía entre generaciones hay un solo paso. Aprendamos a darlo sin correr, con los pies serenos sobre la tierra y el corazón sintonizado con los designios del Cielo.

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Con gran alegría, quiero compartir con ustedes un dato íntimo, que excedió las expectativas que tuve cuando se creó este Sitio Oficial.
Mi página en Internet, apareció para llegar a más gente en todo el mundo, con mis mensajes. Aunque ya circulaban mis primeros 5 libros editados, que siguen siendo útiles para muchos que releen con frecuencia sus reflexiones. Pero hacía falta mi presencia inmediata en Internet. Con un sólo click… Y aquí está mi mayor alegría: hasta hoy, 19/05/2012 ya suman más de 74.900 los seguidores de este Sitio. Entre todos leyeron alrededor de395.000 notas. Lo que muestra la gran variedad de temas elegidos por cada persona que ingresa.
Otro dato muy ilustrativo: El ranking de mis notas más leídas está en el siguiente orden y arroja estos números: “La agresividad como miedo no asumido” (9209), “Cómo superar la angustia y las pérdidas” (8831), “La belleza de lo simple” (7491), “No esperes nada de nadie” (6620), y en quinto lugar: “El camino sin sendero” (2672) Muy elocuente.
Sumado a los buenos comentarios que recibo, por Facebook: (Oscar Capobianco, de Argentina) me alientan a seguir en esta línea de ensayos y reflexiones. Algo que haré siempre con el mismo entusiasmo y amor. Tal vez, para muchos, estos números estadísticos o la votación que recibe cada nota no signifiquen nada, si se compara con lo que alcanzan algunos blogs de humor, juegos, aplicaciones, entretenimiento, política, deportes, etc. Pero a mí me da un reflejo muy positivo: Cuando leen títulos fuertes, como “El amor no tiene sexo ni edad”, “Como ser feliz sin esfuerzo” , “La felicidad ajena da envidia a los mediocres” o “La belleza de lo simple” y similares, me certifican que mucha gente quiere “crecer interiormente” y no sólo pasar el tiempo jugando frente a un monitor…
Soy consciente de que el tipo de mensajes que transmito aquí no es para todos, y que a veces, son muy fuertes y frontales, como los referiodos a la sexualidad, o similares. Pero, por eso mismo, me siento mucho más orgulloso del éxito que tiene mi página, donde no caben las hipocresías ni las especulaciones intelectuales. Hablo a corazón abierto. Y es enorme mi satisfacción por su eco en todo el mundo. Mi más reciente reflexión es: “La tolerancia: el secreto de la felicidad y la convivencia”, me fue sugerida por mi pareja y ya tuvo muy buen recibimiento por ustedes. Se reflejò en las primeras 2 votaciones, con un 10 absoluto.
Seguiré tratando de que mis opiniones estén siempre actualizadas y también reflejen los valores ancestrales del espíritu humano, sin límites de fronteras. Y cada vez que puedo, ilustro con fotos sugerentes mis reflexiones, cuentos, novedades. Me gusta hacerlos partícipes de lo que voy descubriendo, tanto de mis alegrías humanas privadas, como de mis pensamientos filosóficos sobre la vida a nivel universal. Háganme llegar con un mensaje, el tema que les gustaría que desarrolle. Prometo tenerlos en cuenta a todos. Y soy un hombre de palabra.
Hay mucho material para ver y leer aquí. Lo sé. También para los que gustan de lo poético. Y veo que ingresan, a diario, miles de nuevas personas de todo el mundo para encontrar lo que es mi deseo: verse en un espejo. Quiero ser un referente, un oasis, aunque pequeño, pero colmado de agua fresca.
Gracias, desde el fondo de mi alma, a todos los habituales lectores que también suelen votar con altos puntajes cada entrada por medio de las estrellitas que aparecen al pie de los textos. Y a los que no les gusto… paciencia. Soy yo y seguiré siendo como lo siento y elijo. No cambio por sugerencias o críticas externas. Soy mi propio y único dueño. Mi transparencia y frontalidad puede sorprender, como cuando revelé mi relación sentimental con Roberto, algo que muchos supuestos “hombres”, no hubieran hecho por cobardía. Pero conservo esa actitud de sinceridad, contra vientos y mareas. Es parte de un estilo Capobianco, casi una “marca” de fábrica.
Por eso, y sobre todo a la gente de mentalidad abierta, voy a darles siempre lo mejor de mi, aquello que late en mi corazón, y apoyado en las herramientas expresivas de mi intelecto. El ensayo, el comentario filosófico y algún poema, un texto en audio o una canción, son un puente energético de comunicación positiva entre nosotros.
Que Dios los bendiga abundantemente, como lo hace siempre conmigo. Seguimos en contacto, de esencia a esencia. Gracias por recomendarles a sus amigos visitar este sitio. Todo suma. Juntos, somos más “uno solo”. Ya me comprendieron. Les mando mi corazón en un abrazo.

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