VENTANA HACIA LA NADA -relato-

La máquina de afeitar eléctrica no funcionaba, y aunque el cable parecía estar en su lugar, no arrancó, ni cambiando de enchufe, aunque por las dudas… quiso probar en un toma de la cocina, pero se encontró con que el tipo de patitas de la ficha no coincidía. Decidió afeitarse con una versión de las descartables, pero todas habían desaparecido del tercer cajoncito del botiquín del baño. Optó por ir con barba y se empezó a duchar. El agua estaba bastante fría. En la cocina, sobre la hornalla, en tanto, el fuego calentó hasta hacer hervir el contenido del recipiente y este siguió hirviendo un tiempo largo. Casi no quedaba nada de agua en la pava cuando recordó que había puesto sólo una pequeña cantidad como para prepararse un simple té y salir de su casa, semidormido, como siempre…

Salir a la calle, a la lucha, a la locura de un Buenos Aires enfermo, tanto o más que él mismo. Salir a buscar cómo seguir justificando que merecía ganar ese mal sueldo. A continuar una rutina que lo anulaba, pero le ofrecía la engañosa idea de ser útil, de estar empleado, como si estar empleado fuera una garantía de estar cómodo, feliz y haciendo lo que amaba, lo que hubiera necesitado desde hace quince años, pero no. Nada de eso se podía incluir en un cuestionario de ocupación.
El taxi demoró mucho más de lo esperado en un día normal, pero ese no era un día como tantos. Desde muy temprano empezó a sentir que una causa karmática le estaba pasando la factura. Según su evaluación, por demás subjetiva, no debía tanto como para tener que sufrir todos los escollos que se fueron sucediendo últimamente, como llamados a cumplir con una sentencia que no podía demorarse en aplicar su condena.
“Estoy durando donde no puedo ni respirar, sobreviviendo en una celda con un teléfono, dos bibliotecas, y tres escritorios metálicos que me ofrecen por unas horas, la idea de ser hipotéticas barricadas, imaginarias murallas protectoras para esconderme de tanta exigencia.
Estoy ocupado sin ganas de ocuparme de lo que me tendría que ocupar. Los verbos, jugaban, lo envolvían, le provocaban una cierta náusea literaria cuando no eran sus verbos, sus acciones para aplicarse como sujeto, los predicados de los demás son feos, dicen otra cosa, no hablan de sueños, utopías, esperanzas, pero son los que tengo que leer, los que debo corregir para que salga todo como debe salir y que salga pronto, como le pidieron por tercera vez esta semana.
Estoy siendo el corrector de estilo de una editorial importante y eso es una tarea francamente insalubre, peligrosa, alienante por tanto batallar con ideas ajenas, uno se puede contaminar la propia capacidad de pensar de manera coherente. Es un riesgo, pero para eso me pagan. Alguien confía en mi sapiencia, paciencia, perseverancia, pero… no quiero pensar, estoy llegando.”

Abrió la puerta de la oficina con el último aliento. Colgó el saco en el perchero de siempre, que jamás lo saluda. Sólo le sostiene los abrigos, pero no sabe si hace frío afuera, si conviene llevar una campera abrigada o una simple bufanda. Alguna vez a ese accesorio, lo pararon sobre sus tres patas y se quedó allí, igual que todos. Esperando un día que un camión de una supuesta mudanza le cambie el destino, sin destino, de ser un objeto como tantas personas aunque se desplacen en aparente libertad sobre dos piernas.
Las carpetas estaban tal como las había abandonado el día anterior, cuando ya su vista le pedía una tregua y su mente unas vacaciones…
Textos vulgares, mediocres o levemente rescatables, pero prescindibles en la mayoría de los casos, textos inútiles de pretendidos autores en indescifrables estilos con aires de talento. Textos que nadie leería en caso de editarse, pero él debía revisar, repasar minuciosamente para descubrir un material viable que se pudiera capitalizar como novedad. Textos atestados de lugares comunes, anécdotas menores y algunos testimonios auto referenciales, disfrazados de seudo genialidades que no pasaban de ser magros borradores de principiante, aunque de tanto en tanto surgía algo rescatable y merecedor de una depuración para una digna y futura publicación. En todo caso, ese era el karma de su especialidad. Leer, vigilar, supervisar, corregir, mejorar…
Y entonces surgía la pregunta casi metafísica: ¿Quién hará lo mismo, desde otro nivel de consciencia, con mis propias ideas y pensamientos atropelladamente redactados en su cabeza? ¿Qué magnífico corrector se ocuparía de sus miedos, convirtiéndolos en precauciones, de sus ansiedades transformándolas en simples expectativas posibles, de sus sueños postergados para hacerlos ideales inmediatos? Seguro que nadie. La fe en lo superior no era suficiente como para consolarlo en sus momentos de desazón existencial, era demasiado inteligente como para no darse cuenta de todo, de lo ficticio y lo real, de lo concreto y lo imaginario, pero no le servía en ese momento. Era una herramienta jugando casi en contra, un recurso intelectual lastimando su vida emocional. Una vida de preso sin salida, de oprimido sin abogado defensor, de solitario sin horizontes donde intentar compañías que no fueran meros parches a sus vacíos. Hacia falta una solución más práctica, inmediata, efectiva, tal vez, convencional, pero no atada a las convenciones que lo ahogaban. Esa era la sensación más evidente. Ahogo, falta de aire, asfixia, insoportable claustrofobia social, ganas de ampliar el espacio que lo rodeaba. Salir a libertades que parecían privilegio de los otros.
Y fue ahí, donde vio un atisbo de solución, aunque fuera metafórica. Una puerta imaginaria a paraísos inimaginables. Casi sin darse cuenta, caminaba impulsado por una necesidad inconsciente de liberación. Lentamente, se acercó a ese cuadrado de luz y vio pasar allí abajo a tantos zombie como él. Creyó sentir, que alguien lo llamaba, algún Dios lo estaría esperando ya que el de arriba parecía no escucharlo.
Se asomó un poco más para escuchar mejor, hasta perder el apoyo de sus pies que se fueron desprendiendo del piso. Sintió, entonces, sobre la cara el aire que aumentaba su velocidad y lo rodeaba mientras le quitaba toda responsabilidad, toda rutina, por el simple hecho de dejarse fluir. Y casi feliz, soltó su cuerpo y su angustia, desde el octavo piso, por el hueco salvador de esa ventana hacia la nada.

Oscar Capobianco
17/01/15

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LA VIDA DESPLIEGA SUS COLORES

Una etapa parece ensañarse con los grises y pinta todo con un dejo de tristeza. Todo es opaco, sin luces brillantes, oscuridades agazapadas tras un manto de dudas, miedos y algún contratiempo. Es un abanico pobre, sin gracia. Una paleta, apagada, descolorida, en contraste con las épocas de alegría, logros, glorias cotidianas y victorias del alma. Las diferencias de tonos y matices son parte del espectro cromático, para enmarcar y servir de referente a cada tonalidad. Sobre un fondo verde, el tomate maduro y la rosa, lucen con más esplendor.En su contexto celeste, la nube destaca su blancura. Pero al día siguiente, puede fundirse en dos tonos de grises, muy parecidos, y con trazos casi negros, como si algo hubiera muerto. No nos dejemos amedrentar por las sombras, ni por los tiempos de las cosas vivas. Cuando encontré una rama seca de laurel, junto a la vivacidad de una campanilla azul, me recordó la magia de la convivencia. Lo que termina, junto a lo que empieza. La vida recuperando espacios en la presencia de lo muerto. Y me dio estímulo. Y me inspiré para esta simple reflexión. Todo es en su tiempo y espacio. Gracias a la lección de la naturaleza. Todo lo que muere da lugar a lo que nace. Es un ciclo. Y se vuelve a repetir el privilegio de la creación. De la materia que se desintegra en el humus, se nutrirán las nuevas flores. Y, si aprendemos a verla, sigue siendo una fiesta ver como la vida despliega sus colores.

Oscar Capobianco
11-01-15

Votación: 6.0/10 (13 votos cast)

UNA VIOLETA

“UNA VIOLETA”

Porque me diste el brillo de tus ojos,
para verme reflejado en tu mirada,
porque me acompañaste en el ocaso,
para encenderme soles en el alma.

Yo quiero regalarte una violeta,
que contenga el perfume de mil vidas,
Yo te ofrezco un ramito de esperanzas,
para hacer más luminosos a tus días.

Oscar Capobianco
01-01-15

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El título puede sorprender a muchos. Alguno, más distraído puede pensar que me equivoqué. Nada más erróneo. Es deliberadamente una toma de posición frente a un tema que no siempre se comprende y se respeta.
No es mi intención provocar polémicas morales, ni promocionar esta forma de vida, proponer una elección tan privada y particular, ni mucho menos inculcar una filosofía que no se sienta válida, en lo íntimo de cada consciencia.
A lo que apunto es a desmitificar el hecho de la supuesta masculinidad férrea e inamovible con que el mundo se manejó, hipócritamente, durante cientos de años. Los varones, creyéndose superiores a las mujeres crearon el imperio del machismo, y aún sufrimos sus secuelas.
Si un integrante de esta sociedad moderna ha nacido varón, pero nadie le explicó a tiempo que eso se refiere, casi exclusivamente, a los órganos reproductores externos con que cuenta, no va a entender que la sexualidad no es algo impuesto por lo genital, simplemente, sino una actitud de vida.
Sentir algo distinto, un impacto, una emoción, al ver a un ejemplar de la raza humana del mismo género (que tiene un aspecto muy parecido a nosotros) y encontrarlo atractivo, aunque no integre el género femenino, precisamente, pero que sin embargo nos gusta, es una experiencia muy fuerte y difícil de manejar, sobre todo en nuestros años juveniles.
Sabemos que seremos víctimas de las más crueles burlas y agravios (actual “bullying”) y una carga pesada de transportar cuando aún no se tiene la valentía de asumirlo abiertamente. Que a un chico le guste y lo atraiga otro chico, parece algo anti natural, sucio, equivocado. Y uno, si no tiene una mente abierta (“open mind”) tiende a pensar que está mal, que es degenerado o está loco y que es “pecado” (una de las palabras más castradoras, con que nos dominaron por siglos). Uno se aterroriza pensando que, si se llegan a enterar en la casa, lo “matan”, es decir lo van a querer curar o echar de la familia. Este deseo sexual, natural, comprensible hasta genéticamente, es un pesado conflicto que muchas veces termina haciendo un daño innecesario en la conducta y desarrollo de los llamados “diferentes”. Quienes no sean machos típicos, se ven obligados a fingir noviazgos con mujeres, a esconder revistas, a no confesar que ven videos o fotos de hombres sexys.
En realidad, entre una pareja heterosexual y una igualitaria, no hay tal diferencia, es una elección. Todos los seres humanos, lo acepten, lo entiendan o no, tenemos algo de “androginidad”, un componente yin y otro yang (para los orientales), un lado masculino y otro femenino en distintas graduaciones. Que quede claro que no estoy hablando de un “hermafrodita”, me refiero a una cierta ambigüedad de sensaciones eróticas y sexuales, con las que venimos lidiando desde que las hormonas, empezaron a revolucionarse sin preguntarnos qué queríamos ser.
Hoy ser homofóbico es un lamentable anacronismo. Es un verdadero atraso juzgar a un ser por lo que hace en la cama. Y peor, es el caso del ignorante que al referirse a un gay, dice que es un desperdicio. Lo sería quien se niegue a aceptar su condición y sufra por relacionarse íntimamente con el sexo que no le atrae. En fin, no tengo la verdad, sólo tengo una visión menos hipócrita de un tema que, en definitiva, es derecho y elección de cada cual. Mi novio coincide.

Oscar Capobianco
27-12-2014

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UN ENCUENTRO CAUSAL Y NO TAN VIRTUAL

Esta mañana, salí para hacer algunas compras, y como siempre me encontré con amigos y vecinos en la misma tarea rutinaria, pero imprescindible de proveer la casa.
Y me quedé pensando en la palabra provisión. Es algo difícil de comprender para cierta gente sin fe. Hay una extraña y vieja costumbre que parece arrastrarnos a aceptar las carencias, como parte inevitable de la vida. A resignarnos a sufrir por falta de trabajo o de alimentos.
Y caemos en la triste actitud de sentirnos “desgraciados”.
Otra palabra que encierra un significado sutil, “sin gracia”. Desprovistos de la Gracia Divina, sería otra interpretación más espiritual.
No es mi caso, dije. Vivo en permanente gratitud. Todo lo que me pasa y recibo es lo que deseo y merezco. Entonces no soy un privilegiado, tal vez sólo más consciente de la Abundancia que es la realidad del Universo.
Estaba en estas consideraciones filosóficas y metafísicas, cuando de pronto veo a alguien que me sonríe desde lejos. Me pareció muy conocido, tanto que me corrió como un escalofrío por todo el cuerpo. Al acercarme más, Este hombre mayor, me dice:
-“¿En qué pensabas, Capobianco?
-“En cosas, sin importancia. ¿Lo conozco? Porque usted es tan….
-¿Parecido? Tal vez, pero a la vez, muy distinto. No me debieras olvidar tan fácil.
- Discúlpeme, es que me sorprendió ver que tenemos más o menos la misma edad…
- El cuerpo acusa los años, sólo si el alma le pasa el dato. ¿Por qué no parás de hacerte malasangre?
- ¿Cómo sabe, digo… por qué me dice eso? ¿Su nombre?
- Es lo de menos. Tengo un nombre, como vos, pero vivo en un mundo un poco extraño, dentro de una consciencia social, y quizá por eso, pocas veces mi dueño me escucha.
- No entiendo. Yo tengo el mismo nombre, pero no tengo dueño, soy libre…
-¿Libre? Esa es una palabra muy hermosa. Más importante que Dinero, Éxito, Premios… ¿Te puedo pedir algo, Capobianco?
- Sí, por supuesto. Si está en mis manos…
- Cuídame, rescátame, tenme en cuenta cuando te hablo, soy tu mejor consejero. Necesito de vos para ser feliz… y aunque te parezca extraño, hace mucho que te hablo y no siempre me escuchas. Seguís pensando en la imagen pública, el prestigio, tu trabajo en los medios…
- ¡Por favor! ¿Cómo sabe tanto de mí? Quien es… parece una broma… ¿Quién lo mandó?
- Tu consciencia. Para que empieces un año nuevo más libre, disfrutando el amor que te rodea.
- Sigo sin entender. –dije casi asustado.
- Soy “Oscar”, tu esencia, sin apellido. No soy el traje social con que te muestras ante la gente. ¿Me comprende Sr. Capobianco? Ahora, tengo que seguir… voy buscando un arco iris que se me esconde detrás del horizonte. Y a la vuelta, cuando lo alcance, le voy a traer un ramillete de colores para que lo instale en su alma.

Volví a mi casa, muy cambiado. Mi sonrisa era espléndida, mi corazón aún late con alegría. Tomé consciencia de lo que nos perdemos si no nos tenemos en cuenta.
Y como un homenaje a la vida que siempre prevalece, en esta Nochebuena especial, me puse a escribir este relato.

Oscar Capobianco
24-12-14

Votación: 6.5/10 (19 votos cast)

Les ruego a quienes deseen comentar alguna de las notas que publico en este, mi Sitio Oficial, que no la escriban en el formulario que aparece en la página inicial. La mejor manera para que yo reciba y responda en muy poco tiempo a sus comentarios es ubicarme en Facebook (hay un link en verde, en la página de inicio, donde dice Enlaces de Interés) y enviarme solicitud de amistad. Gracias por tener esto en cuenta. Me gustaría responder a todo el mundo y no dejar la decepción o la idea de que no respondo a los lectores.

Votación: 7.5/10 (18 votos cast)

UN PLANETA PARA BETO (relato)

Beto es una versión morena de “El Principito”. No se le parece físicamente, claro. Tampoco vive en un mundo ideal ni le habla a una rosa, pero ella lo entiende. Lo que lo rodea no es siempre lo que merece.
Sus acciones siempre se identifican con algo de su alma, el aura le copia la armonía a su corazón y la pone en sus justas, medidas y cálidas palabras.
Se diría que acondiciona los lugares por donde pasa, con su carisma, y va impregnando todo en su vida con un color diferente al de la gente gris. Mantiene la paz en un conflicto, apacigua los ánimos. No participa de lo que no le interesa, y cada vez le interesan menos cosas triviales y vacías de este mundo deteriorado y triste. Pero no pierde su fe en lo divino, su confianza absoluta en Dios, lo que alimenta el amor en todas sus formas.
Beto es tranquilo, sereno, pacífico, visceral, honesto con todos, pero con él mismo antes que nada. Se lo llega a querer mucho por sus valores, a necesitar cerca como consejero, aunque nunca se adelanta a dar su opinión sino que responde cuando se le solicita.
Beto está viviendo en un mundo que no es el que merece. Tiene la sensibilidad necesaria para descubrir a una paloma en su nido dándole de comer a sus pichones, el pimpollo que apenas asoma en esa planta que está inaugurando la primavera. Es capaz de escuchar un pájaro e imitarlo con su risa de niño, de hombre tierno y cariñoso, de tipo inteligente sin alardes.
Beto es un joven fuera del tiempo. Un representante distinto de esta humanidad deshumanizada. Entonces uno se pregunta: ¿De qué planeta vino y se camufló entre nosotros? ¿Es acaso un pequeño profeta que no se jacta de serlo y sigue aprendiendo cada día algo más sobre el amor y la dignidad del ser?
Y no tendrían fin las preguntas. Es un misterio y a la vez, alguien tan transparente. Se le ve el alma por en el brillo de sus ojos, se oye al corazón en sus risas. Se le puede confiar todo. Desde un secreto a un tesoro material. Sabe guardarlo, sabe responder a la confianza que se pone en él.
Beto merece todo nuestro respeto, pero sobre todo, debiéramos agradecerle por enseñarnos a vivir un poco más en paz. Sin intereses artificiales como son la riqueza y el poder, sin artificios ni maquillajes falsos. Volviendo a la fuente de la vida, a lo simple y maravilloso de despertarse cada mañana y dar gracias por otro tiempo de experiencias enriquecedoras.
Yo quisiera agradecerle lo que recibo cada día que comparto a su lado, y se me ocurrió una idea muy audaz. Le compraría algo que no se puede comprar. Algo donde viva con toda la felicidad que se ganó a lo largo de su corta vida. Lo que me haría muy bien es poder encontrar un lugar en el vasto universo que brille con su luz.
Ya sé. Lo que quiero es fabricar algo con estrellas y soles deslumbrantes, ríos cristalinos, flores fragantes y frutales repletos de dulzura, con aires frescos que envuelvan su cuerpo y su alma. Todo eso, estaría devolviendo con gratitud parte de lo que nos da. Quiero crear un planeta para Beto.

Oscar Capobianco
14-12-2014

(Inspirado y dedicado a la persona que más felicidad me da en esta vida, y acompaña mis días con su luz)

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CASI UNA FAMILIA

Ya están a punto de empezar los ensayos de la comedia. En el elenco, confirmados, los nombres de los actores y actrices: Oscar Luque, Andrea Laura Muotri, Mónica Politino, Leonardo Leiderman, Susy Dolara y Damián Gigena. El resto del plantel queda definido en el mes de febrero y se prevé un estreno posible, durante el mes de Mayo, aproximadamente. Es una producción independiente, con actores de experiencia escénica y debutantes con gran talento que pasaron las pruebas de eficiencia con altos puntajes. Mi dirección busca una comedia fresca, divertida, y con momentos de gran emoción humana. Es un fresco de lo que ocurre en muchos hogares argentinos, contemporáneos y una pizca de magia y de sorpresas para darle el color de un buen espectáculo.

LA RADIO, OTRA DE MIS GRANDES PASIONES, EN EL 2014, ME DIO UN PREMIO


A pocos días de haber cumplido 38 años haciendo radio y muy feliz por haber recibido el Primer Premio a la Mejor Conducción Masculina en Programas de Interés General, otorgado por “Estampas de Buenos Aires”, el pasado 20 de septiembre, vuelvo al micrófono de una radio.

Desde el lunes 5 de enero, a las 19 hs. estoy haciendo “LA REFLEXIÓN DEL DÍA”, por FM Radio Dial (92.3) y vía Internet, se puede escuchar cliqueando aquí: FM DIAL

Teléfono de la producción: (011) 4656-5698 y de la emisora: (011) 5291-0158

Actualmente también preparo el estreno de mi comedia “Casi una Familia“, con producción de Boris del Río, para el Grupo Disparata2. Se estima el estreno en el primer trimestre de 2015 en la sala del Club Alianza, de Caseros, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Gracias a todos mis amigos por el cariño de siempre y por seguir mis reflexiones en este Sitio Oficial.

Votación: 6.6/10 (103 votos cast)

La vida es movimiento y siempre hacia adelante. Ninguna flor vuelve a ser pimpollo. No hay árbol que viva disminuyendo ni vuelva a ser su propia semilla originaria. Podrá producir nuevas simientes, pero será yendo hacia el cielo, avanzando hacia su propio futuro. No se vuelve a nada de lo que ya fue. Todo tiene un principio y obviamente, un fin, pero nada retrocede. Sólo una novela o en el cine, se hacen retrovisiones por una cuestión de narración y arte. Jamás volvemos a ser el joven que fuimos, y tampoco haría falta. Es mentira eso de que todo tiempo pasado fue mejor, fue distinto, con sus características por lugar y época. La supuesta degradación de los valores actuales, en realidad es un paso hacia el gran cambio, la culminación de un ciclo de prueba que está haciendo el ser humano, encarnado en este tiempo y condiciones planetarias. Todo es pasajero, temporario, sutil, fugaz, efímero, y está bien.
Imaginemos la tortura que sería que nos obligaran a quedarnos en el cine, después de ver una película, repetidamente una y otra vez. Por maravillosa que haya sido, se volvería un calvario. No podríamos evitar el deseo de querer salir de ese encierro. Lo que fue bueno, por exceso se convierte en una carga. El empacho se produce por la cantidad de comida, no sólo por sus cualidades indigestas. Todo nos brinda un ejemplo de que la vida es fluir, como un río. No hay represa, murallón, desvío que la pueda detener. Tiene su reloj propio, que no siempre acompaña nuestras ansiedades ni nuestros miedos. Gracias a su perfecta ingeniería, el Cosmos sigue su evolución y es infinita. Se volverá al Núcleo Divino, desde donde partieron todos los elementos que forman los cuerpos, planetas y sistemas que conforman las conocidas galaxias que habitamos.
Quedarse en el pasado es estar muerto. Y creo que el tiempo anterior con todo lo vivido es sólo el lugar de los recuerdos, pero no para reactivarlos con nostalgia, sino para liberarlos y dejarlos disolver con agradecimiento a lo que nos aportó para crecer. El pasado es la materia prima de la historia, no sirve hoy. Ya no están los héroes libertadores, ni los ríos cristalinos, ni los continentes hermanados.
Ahora nos encontramos en crisis, en luchas de todo tipo, en rotaciones, aceleraciones, mutaciones… todo para bien. Vamos por buen camino, aunque se apaguen muchas luces al costado del sendero. Hagamos un imaginario horizonte con nuestra fe y hacia allí, donde siempre amanece, dirijamos el barco de nuestro pensamiento y nuestros sueños. Lo que el hombre decidido y tenaz piensa y se propone, lo alcanza. Este presente es un verdadero regalo, porque tiene todas las posibilidades. Sepamos agradecerlo y disfrutarlo. Estamos vivos, por lo tanto, todo es posible. Yo avanzo siempre, ¿me siguen?

Oscar Capobianco
31-07-14

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CUANDO EL SILENCIO GRITA


Las ausencias físicas pueden ser por muchos motivos, y se pueden entender, hasta justificar. Razones laborales, enfermedad, problemas económicos que impiden viajar y estar cerca. Las ausencias de afecto, en cambio, son más complejas, misteriosas, y esquivas al análisis. Pueden ser por aburrimiento, cobardía, o marcado desinterés. En cada caso, donde una persona nota un cambio, un tono distinto en las palabras, un aumento de los silencios en presencia, puede estar naciendo el gran silencio.
Esa falta de eco, de respuesta, de reacción. Dijimos algo que proponía un diálogo, intentaba una recomposición del clima, un acercamiento consensuado, y nuestro interlocutor, no dijo nada. Siguió inmutable. Se sumergió, una vez más, en el mismo silencio en que estaba, pero más profundo, más evidente, deliberadamente. Entonces, solemos preguntar por qué no nos contestan, si nos escucharon bien lo que dijimos. Y nada, ni nos miran, siguen en lo suyo, que por lo visto ya no es más lo nuestro. Ser partió el barco. Va a empezar a entrar agua. Se van a ir asomando a la cubierta las ratas de la conducta, esas que permanecían en las bodegas, las partes más oscuras de las almas.
Se nos viene la noche, en cualquier hora del día. Empezamos a asustarnos, sentimos que no vamos a poder cambiar nada, pero lo intentamos. Elegimos otras frases, como si fueran casuales, alguna otra vía de acercamiento, buscamos un eco, y ya casi no soñamos con una respuesta que nos alivie la tristeza. Una gran ansiedad nos cubre y gana terreno en nuestras almas, una tristeza fría nos impide dormir bien, que nos tiene con cara larga, y deambulando sin rumbo, aún en situaciones que antes adornábamos con nuestras risas, auténticas, espontáneas, sinceras. Algo terminó y no lo supimos ver.
Empezó a oírse muy claramente, el inicio de un gran silencio. Un tiempo muy distinto a la paz que produce la ausencia de sonidos y nos relaja. Este silencio es invasor, no nos contiene, nos angustia. Salimos a caminar para encontrar alguna salida a ese clima, a ese estado de existir sin ganas, para tener fuerza y tomar alguna decisión. Nos empieza a hablar el alma, pero casi no la podemos oir, porque aumentan los decibeles de un miedo ruidoso, desconocido, de una sospecha terrible, que tira por tierra todo proyecto en común que alguna vez soñamos juntos.
Estamos muy solos, aunque un ente vivo parecido a una persona, a la que tuvimos tan cerca, se empieza a convertir en un mueble.
De pronto, suena una sirena estridente en el corazón, un escuadrón de imaginarios bomberos vienen a apagarnos la deseperación, pero al instante no se oye más nada. Algo nos roba toda energía, nos hace bajar los brazos y entregarnos a la más penosa soledad. Era algo que temíamos, pero a la vez queríamos que nunca llegara. Ahora es evidente. Está aquí para quedarse. Hay que escapar de ese infierno y no convertirnos en brasas que se irán reduciendo a cenizas, a restos irreconocibles del amor que fue. La señal del final inminente es muy fácil de interpretar. Simplemente hay que estar atentos y percibir con la razón, no sólo con el corazón, que no hay más nada que decir… cuando el silencio grita.

Oscar Capobianco
25-07-2914

Votación: 6.5/10 (90 votos cast)