Él tenía riquezas no adquiridas. Heredadas. Ofrecidas por Dios, como una tácita compensación para que no se sintiera diferente. Y era diferente para esta sociedad. No tenía ropas importantes para ponerse los domingos y salir a pasear. Entonces escondía la misma camisa, cubriéndola con la misma campera, que le había regalado hace tanto tiempo un primo que volvió de Europa. Él era pobre, pero de toda pobreza, aunque no caía demasiado en cuenta de sus carencias materiales. Él soñaba mirando el cielo. Soñaba porque es gratis, porque no hacen faltas estudios para soñar, sólo basta con proponérselo, o necesitarlo o no poderlo evitar. Porque ser pobre en un barrio de gente humilde, no es algo que convenga, que sea bien visto, que aumente posibilidades de éxito. Ser pobre allí, es no poder ser lo que uno necesita, para no necesitar de las riquezas.
¡Qué complicado que es este mundo para un adolescente con algunos problemas de inmadurez, y perteneciendo al grupo de los llamados “con capacidades diferentes”! Ser alguien que se expresa con cierta dificultad en la dicción, y parece un poquito oriental. Que ve con frecuencia ciertas sonrisas discriminadoras, y no tiene Internet, ni celular, ni un teléfono público lo suficientemente cerca, como para no sentir a todos tan lejos. Pero, él existe. No cabe duda. Él tiene una familia que no siempre tiene.
A veces, queda demasiado tiempo solo. Y ve los cuchillos de la cocina y toca su filo y fantasea con una muerte lenta… pero al instante se imagina una vida normal. ¿Y cómo será una vida normal, para quien siente que no lo ven con ese parámetro? ¿Y cómo sigue la vida de un solitario que ve felices a los demás? Escapándose del entorno. No sólo de un lugar físico con una pequeña mochila con víveres apenas para una magra semana. Escapándose del propio ser. Yéndose a vivir para adentro, o caminando, caminando sin rumbo o hacia esa nada que es mejor que eso que tiene tan vacío. Teniendo algo de culpa, como escondiéndose de su propia vergüenza.

De pronto, el ambiente se le hace hostil. Cae muy rápido la noche y el día siguiente tarda y le suma hambres y miedos. Miedos a lobos, miedos a fantasmas escondidos, miedos a los árboles… que ahora parecen verdugos de su desamparo…
Y también, como siempre, cuando se está a punto de claudicar, buscando ese pozo infinito y negro que a uno lo trague y termine la historia, ocurren hechos mágicos. Milagros que no se pueden comprar. Sólo ocurren.
Hay circunstancias y oportunidades en la vida que ni el más febril de los autores, podría prever para sus personajes. Simplemente suceden. Es parte de lo imprevisible de la vida. Y como él estaba vivo, a él le ocurrió. Un día, de esos tantos días, en que no pasa nada más que el día, pasó un camión. Un camión como cualquier camión, sin intenciones de ser otra cosa más que un camión, que lo único diferente fue equivocarse en un atajo y por error pasar frente a él.
Tal vez, hubiera hecho lo previsible: producir una polvareda para cubrirle de tierra seca su cara asombrada, y seguir raudamente su trayectoria, olvidándose de ese muchacho. Un bulto a la orilla del sendero, casi inexistente, por donde se desplazaba.
Pero se detuvo. Y el conductor lo llamó. Y a él, en primer lugar, le dio miedo, pero después se dio cuenta de que todavía no tenía que tener miedo. Todavía no había visto los casos repetidos de la inseguridad, de los secuestros, de los robos, de la otra cara de la civilización actual que él ni sabía que integraba.
Y se acercó a la ventanilla del vehículo.

Read the rest of this entry »

Votación: 7.7/10 (10 votos cast)

Una jarra sin vino,
mantel viejo, la sopa,
una silla ruidosa
y un perro que no ladra.

Una lámpara chica,
una sombra muy larga,
el anciano está sólo,
y ya no espera nada.

Un auto pasa lejos,
ese ruido acompaña,
deben ser otros solos,
que van buscando el alma.

Un tenedor vacío,
la boca desdentada.
Una vida que escapa,
por otra telaraña.

Un silencio, un suspiro,
un soltar la cuchara,
el anciano se ha ido,
y nadie notó nada.

Oscar Capobianco

Votación: 8.8/10 (19 votos cast)

Me quiero imaginar tu primera reacción al leer este título.
¡Qué pesimista es este hombre, por Dios, qué desconfiado!
Aunque tal vez no sea así, por supuesto. Pero, soy humano y me imaginé que pensarías algo similar.
En cambio, si creés que estoy en lo cierto, vas a comprender mejor a qué me refiero en esta reflexión. Y si sentís que estoy equivocado, tal vez será otra tu postura, aunque yo seguiré estándolo, porque no espero nada de nadie, nunca. Y últimamente, ni siquiera aceptación.
Ocurre que a lo largo de la vida uno capitaliza experiencias en el trato con los demás. En una primera etapa, nuestros padres, nos resuelven muchos problemas. Luego, quizás haya que lidiar, compartir, o pelear, depende el grado de relación, con hermanos y cualquier otro caso de vinculación que se tenga. Más adelante llegará el grupo de amigos, compañeros de estudio, alguna que otra persona (como primer noviazgo) y la interminable lista de “consejos” de profesores, sacerdotes, vecinos, tíos, profesionales en distintas disciplinas, en fin, todos los que (de una u otra manera) intentan amoldarnos a su punto de vista, o en ciertos casos, que cumplamos con su orden.
Lo que aquí planteo es una medida sencilla, y terapéuticamente necesaria para conservar la calma y no sufrir tantas decepciones.
Ejemplos de sometimientos, habría miles, pero voy a ser más escueto. En el supuesto caso de que depender de otro, sea tu forma de actuar o reaccionar, y sufras ante un hecho desafortunado debido a la falta o incumplimiento de otra persona en algo tuyo, te sugiero un breve análisis de situaciones clásicas y molestas con las que solemos encontrarnos en nuestro diario vivir (o subsistir) y podemos evitar. Read the rest of this entry »

Votación: 8.9/10 (21 votos cast)

Cuando uno es chico las paredes medianeras son demasiado altas.
Parecen encerrar prisiones gigantes donde deben habitar seres extraños viviendo sus misteriosas existencias.
Y si ese lugar desconocido, no ha sido ocupado por personas, por seres comunes, durante mucho tiempo, la fantasía comienza a crecer incontenible como los yuyos que se hicieron dueños de esa propiedad casi derrumbada.
Pero ahora no se ve nada. La vieja y enorme pared es un obstáculo para la vista, aunque no para la mente, que trata de imaginar qué habrá allí, en ese lugar que sólo se conoce como un baldío o el terreno de al lado.
De noche, la luna debe ver qué tipo de seres deambulan por ese espacio no conocido, pero no cuenta nada. No dice quiénes merodean por esas habitaciones derruidas en lo poco que queda de la vivienda y apenas se entreve, desde la calle. Qué misterio o qué rastros le quedan a lo que alguna vez fue una casa familiar habitada por gente como él.
Marcos, en sus ocho años de vida, escuchó decir a sus padres, que era una viuda que la habitaba sola, y que nadie más había sido visto por esa propiedad en mucho tiempo. Una sola vez vieron a un rematador durante unos minutos poniendo un cartel donde se ofrecía el predio como para demolerlo y reconstruir. Pero nadie vino a interesarse por él, como si no existiera. Tal vez por esa situación, era más emocionante pensar que a ese lugar, casi fuera del mundo, lo habitaban seres invisibles, duendes, fantasmas y todo un espectro de manifestaciones energéticas de los seres del más allá. Raros murmullos se solían percibir, con ruidos de muebles o sonidos y voces que surgían, de pronto, sin que nadie hubiera ingresado al lugar. Read the rest of this entry »

Votación: 8.4/10 (17 votos cast)

Es lógico soñar.
Es admisible tener la esperanza de una vida feliz. Es natural que el hombre ansíe la paz. Es histórico que la felicidad sea casi una quimera, pero… si suspendemos esta lista de lo que sabemos, tal vez caigamos en cuenta de algo que se nos pudo pasar por alto.
Y es una pregunta: ¿Qué estamos haciendo por nosotros mismos? ¿Qué cambios le estamos implementando a nuestra conducta, a nuestras ideas sobre la vida y los demás para no ser víctimas permanentes de los sentimientos?
Porque ya debiéramos saber que lo que sentimos, lo genera nuestra idea sobre algo. Dicho en forma de máxima metafísica, podríamos afirmar que:
Lo que pienso, digo y siento, es lo que obtengo. Vayamos despacio, a completar la mirada.
La vida no es un camino de rosas, aunque haya miles de rosas en nuestro camino. Esta aparente paradoja no lo es. Porque esas flores que ansiamos, como símbolo del mundo idílico que sentimos merecer, pueden ser cultivadas por nosotros, desde dentro y no fuera de nuestro ser. Lo que nos pasa, bueno o malo, es nuestra elección en gran medida. Siempre somos responsables de nuestro estado anímico. Provocamos nuestras risas y nuestras lágrimas. Tal vez por confiar en la persona equivocada. Tal vez cuando dejamos en manos de otro algo que teníamos que hacer nosotros… tal vez…
Y vuelvo a proponerte una pausa, para analizar más los simbolismos de las cosas, que su definición académica o material. Un camino, puede ser intentar una actitud siempre positiva. Ella nos irá marcando hacia donde seguir, aunque no haya ningún cartel indicador al costado del sendero. Todo el cuerpo lo manifiesta. Hay un equilibrio nuevo, en la salud, inclusive. Uno sabe que está yendo bien. Uno siente que no se está equivocando. Uno va confiado hacia ese supuesto futuro, que sólo debe ser un mínimo estímulo, ya que lo único valioso es el presente. Read the rest of this entry »

Votación: 8.9/10 (28 votos cast)

Toda persona, en algún momento de su vida se enamora, y en pocas semanas cree haber encontrado a ese ser “especial”, a quien será su mejor compañía. Más tarde se deslumbra con las felices coincidencias que lo hacen “el uno para el otro”, pero…
En en la primera diferencia seria de opiniones, se empieza a descascarar la pintura de la fachada, (y no me refiero al aspecto físico por el correr natural de los años), sino a la máscara de la hipocresía que -por la fuerza de la verdad- pierde consistencia y se empieza a desprender.

Poco tiempo más adelante, vemos el interés que la acercó a nosotros, y aquella dulce voz de los “te quiero”, pasa a ser la amarga presión de los “te exijo”… y en varias diferencias posteriores, sentimos cómo se va cargando nuestra vida de heridas en el alma, sumando las escenas desagradables de celos enfermizos. Empezamos a sentir (sobre nuestras espaldas) algo muy pesado. Un animal muerto que no teníamos cuando estábamos solos: Es la incipiente mochila del hartazgo, un paquete inmerecido y más grande que nuestra resistencia. Algo inmanejable que nos aplasta y parece contener más pertrechos militares que dulzuras, y que va aumentando su peso a medida que discutimos con nuestra des-pareja…

Y un día, al fin, esa cruz de plomo metafórica, se hace insoportable. Pero todo tiene un límite en nuestra tolerancia, y por fin, tiramos de una vez el pesado lastre de esa mala compañía. Entonces sí, Bendito sea Dios, recuperamos totalmente nuestra identidad, nuestra paz, nuestros silencios, nuestra salud mental y espiritual, nuestra autonomía. Al fin, volvemos a vivir sin la horca en el cuello.

Pero muchos, por cobardes, prefieren seguir mal acompañados, con tal de tener algún receptor de sus berrinches, y no se animan a provocar el parto por cesárea, hacer el hueco necesario, y poner la suficiente y saludable distancia entre ambos contendientes.

No soy ignorante, lo sabés. Todo lo contrario. Admito que cuesta y reconozco que se puede sufrir un poco o mucho los primeros tiempos por esa “supuesta soledad” que da el corte, pero vale la pena, es un regalo del cielo, y el resultado después es maravilloso. Salimos del engaño auto impuesto. Y en pocas semanas vamos notando cómo se instala la verdadera libertad de nuestro ser, las primeras lágrimas se convierten en canto. Una canción que crece a medida que la cantamos más alto, más entonados, sin la garganta velada por las discusiones estériles. Volvemos a la magia de ser nosotros, completos, enteros, luminosos, algo que nunca debió perderse.

Y vuelve a reinar a pleno, esa paz de la casa en silencio, se renuevan las plantas y proliferan las flores. Empiezan a repoblarse de luz nuestros jardines. Una primavera cultivada por nuestra capacidad de ponerle testículos a la situación y recuperar la dignidad de no ser más usados. El ser sin ataduras emocionales vuelve a ejercer desde nuestro corazón. Algo que no se negocia. Liberarse de una pareja, que fue una condena, no significa vengarse ni hacerle mal a nadie. No queremos provocar dolor, sino aliviar y eliminar el nuestro. Volver a lo que uno quiere, ser dueño de pensar, sentir, viajar y hacer lo que nos plazca (que no daña a nadie por supuesto, sino para dar alegría a otra gente, a los demás) pero sin dar cuentas ni justificar lo que sentimos a nadie.

Clickeá en el texto verde y seguí leyendo que ahora viene lo mejor… Read the rest of this entry »

Votación: 8.8/10 (69 votos cast)

En algún momento se rompió. No podía ver dónde estaban todas sus partes. Diseminadas en el piso, se escabullían tras un pasado que se perdió entre recuerdos confusos y ansiedades muy claras. Sus fragmentos emocionales, se habrían rebelado y escaparon del encierro de su materia. Y ahora sus partes humanas, cubrían una superficie imprecisa de su existencia, representada en el piso gris y frío de su casa. La cabeza, con un cerebro cansado y fragmentado en cien ideas, todavía acertaba a darle algún indicio de su estado.
No era él, no podía ser él, lo que sentía que estaba siendo. Pero tampoco recordaba cómo era, cómo fue, cómo quiere ser. Sólo veía un reflejo confuso, en forma oblicua y lastimoso en el quebrado espejo del living. Un silencio se adueño del momento y se quedó a vivir sin ser invitado.
La ambulancia no llegaba. Nadie la había llamado. Seguiría demorándose en busca de otros “quebrados”, que la necesitaban más que él. Estaría aullando su urgencia, sobre cuatro ruedas, por la ciudad atestada de otros pedazos de personas. Esos zombies que deambulan más que caminan sin nombre por las calles, con lo que les queda. Terminándose como el final imprevisto de la tinta en una lapicera imaginaria que hace el inventario de sus carencias y no llega a completarlo.
Sin brazos para abrazar, sin piernas para seguir y otros, los más, aquellos que perdieron el corazón, en una contienda mano a mano con el amor. Un enfermo y mezquino amor que se escapó y los dejó sin aire, sin sangre, sin rumbo, sin… Read the rest of this entry »

Votación: 8.5/10 (65 votos cast)

Hemos escuchado decir muchas veces que vivimos en una jungla de cemento. Y la metáfora sigue estando muy vigente, si observamos el comportamiento habitual del hombre en distintas circunstancias y, fundamentalmente, en el trato con los demás. Todavía, y a esta altura de la civilización, lo vemos actuar en forma torpe, primitiva e irrespetuosa. Algunos ejemplares de esta sociedad moderna parecen incivilizados cavernícolas y recién llegados de una cacería en medio de la selva, con la presa todavía al hombro y su lanza aún chorreando la sangre de la víctima.
Si a esto le agregamos que sueltan una risotada desmedida en volumen y luego muestran una sonrisa idiota como justificándola, tenemos (sin mucho esfuerzo) la presencia de un primitivo absoluto. En contraposición, su interlocutor puede ser un educado caballero, con profundos conocimientos intelectuales, enfundado en su impecable remera blanca que, no obstante, lo trata con sumo respeto y cordialidad. (No hay que comparar esta descripción con el “personaje” que has reconocido (en dos versiones) en la ilustración de esta nota… ja…ja.)
Pero, como ya se dieron cuenta, en esta reflexión quise incluirme, con una cuota de ironía y humor, casi una autocrítica (aunque hace rato que dejé la lanza y el escudo).
Por eso voy a compartir con ustedes una nómina (un poco al azar) de actitudes y conductas que vemos a diario y corroboran lo que digo. Estos “representantes de la prehistoria”, en ciertas ocasiones suelen actuar así: Read the rest of this entry »

Votación: 8.9/10 (74 votos cast)

(photo by Claudia Lucero)

En este, mi sitio oficial, y como Novedades, los mantendré informados de todo lo nuevo que vaya apareciendo en mi vida, tanto profesional como humana. Hay muchas sorpresas para mis amigos. Ya tendrán todo la info en esta página y otros sitios de amigos.
No quiero tener blogs, ni me gusta chatear perdiendo tiempo, pero no critico a quienes los tienes y lo hacen para no aburrirse. Yo amo a mi página oficial. Porque la siento más seria, sin hojarasca, inclusive sin las bromas de mal gusto que son habituales en otros sitios (como en ciertos casos de Facebook).
Mis entradas son un espejo profesional y las escribo para que reflejen enseñanzas, pensamientos, inclusive ficciones en el formato de cuentos, ideas espirituales y, al mismo tiempo, el sentir humano. Porque no dejo de ser una persona. Ni santo ni un gurú intocable, caído del cielo… Seamos lógicos. Y con enorme alegría, compruebo que ya superó, ampliamente, las expectativas de cantidad de visitas diarias que teníamos (con Pablo Tilotta) cuando él creó este sitio para mí. Read the rest of this entry »

Votación: 8.7/10 (95 votos cast)

Muchas veces nos sentimos pequeños, insignificantes, casi invisibles, tal vez, como si pasáramos desapercibidos para el mundo. Y seguramente no es cierto. Somos valiosos, tenemos nuestra cuota natural de hermosura, pero nos falta algo. Nos queda aprender a unirnos, a compartir, a asociarnos con nuestros iguales. Encarar juntos muchas situaciones de la vida, asumir compromisos y desafíos unidos, cerca, sumándonos, “amontonaditos”, lo que no significa perder nuestras individualidades, claro. Pero algo ancestral parece tirarnos para atrás, a las épocas del egoísmo que ya debiéramos haber superado. Nos encerramos en nuestras soledades, para preservarnos y así nos marchitamos sin brillar, sin dar de nuestro propio néctar, nuestra fragancia, nuestro color. Entonces, si tomamos el ejemplo de la Naturaleza, y fundamentalmente, del reino vegetal, nos vamos a encontrar con muchas especies que nos brindan su ejemplo de asociación para el amor. Porque dar lo más bello de nosotros, siempre es ofrecer amor. Miremos las flores que ilustran esta nota. Ellas no tienen ego ni vanidades individuales. Se saben unir. Aumentan la superficie visible al juntarse con sus iguales y producen así, algo mayor. Esa especie de racimo florido, que es similar a como se agrupan las uvas. Ahí está el secreto. Juntas viven más felices. Juntas tienen mejor color. Puede parecernos una ilusión, un efecto cromático simplemente, pero es mucho más. Es una invitación para los humanos. Seguramente, los otros reinos, nos quieren sugerir que armemos una asociación para la belleza de nuestro género humano. Y el mundo se beneficiará con lo que reciba. Siempre es así. Hagamos un racimo de buenas voluntades. Yo me anoto: Tomame de la mano y ya seremos dos…

Votación: 8.5/10 (70 votos cast)
 
Analyze your web site electronic cigarettes buy backlinks Audio