En esta nota no me voy a incluir. Suelo hacerlo en muchas otras de mis reflexiones, casi por una cuestión solidaria y para no quedar fuera de la humanidad. Pero hoy, no.
Por respeto a mi propia inteligencia y dignidad, me excluyo de estos comentarios y sólo me refiero a los tontos. A los torpes, mucho más que lo que podría ser yo mismo, en otras circunstancias. Y sé perfectamente, que en la mayoría de los casos no lo soy.
Aquí no menosprecio ni hablo de los que tienen una capacidad diferente (por causas genéticas o de un retraso en la maduración a raíz de problemas de pobreza, desnutrición, o aislamiento). Nada de eso, no me entiendan mal. Voy a referirme a los que actúan como verdaderos tontos, siendo supuestamente “vivos”. A los que desaprovechan la capacidad de su mente, herramienta que podrían usar para algo solidario o noble y sólo la usan como gracia para burlarse, hacer daño, estafar o perjudicar a terceros.
Y digo, sin temor a equivocarme, que esos individuos son tan dañinos como los inteligentes de mala entraña, que son lisa y llanamente, delincuentes.
Algunos ejemplos duros, pero no exentos de humor, serían las siguientes frases:
- No se lo devuelvo. Ni se va a acordar, si hace como un año que me lo prestó.
- Dejo el fuego encendido. No pasa nada y se apaga solo. Yo regreso enseguida.
- Mira cómo grita este gato si le pego una patada bien fuerte y lo tiro lejos.
- Puse un explosivo bajo la silla donde está sentada la vieja. Fíjate qué flor de susto se pega cuando estalle.

Y lo peor, lo que más indigna, lo que hasta un cierto grado lástima nuestra sensatez, es escuchar la estúpida carcajada de idiota que acompaña estas acciones tan indignas.
Y ahora viene el pensamiento más profundo, sin humor, con preocupación. Empezando con ciertas preguntas, tal vez veamos cuál sería la mejor salida.
¿Desde cuándo esa persona es tonta? ¿Copió la misma insensatez, desidia o inconsciencia de sus padres? ¿Fue la sociedad degradada de valores la que le impregnó esa postura egoísta y la insensibilidad por el dolor del otro? ¿Se está degradando tanto la especie humana, que (evolutivamente) en lugar de provenir del mono, vamos hacia él como involución? Read the rest of this entry »

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Si no te gustan las notas que incluyen algún comentario auto referencial y no son tan gratas como las complacientes, te sugiero que no leas ésta y sigas con la próxima. De lo contrario, me expresaré con total libertad, como hago siempre en esta página. ¿OK.? Entonces sigo…
Parafraseando al Hidalgo Caballero Don Quijote de la Mancha, creo que esta nueva máxima que se me ocurrió crear: “Ladran, Pancho. Señal que destacamos”, tiene cada día más representantes y no perderá vigencia, por la propia condición humana.
No pretendo dar lecciones de moral. Tampoco intento cambiar tu forma de ser. No soy yo quien debe ver tus propias virtudes, envidias o miserias. Simplemente, asumo mi rol de guía y pensador independiente de la aprobación ajena. Puedo ser un provocador o “estimulador” de consciencias (para que despierten), si se me aceptan estas definiciones… y si no, también. Me cansé de escuchar reclamos de los que quieren que hable o piense como ellos. Que escriban ellos, entonces. Yo no vine a copiar ni a adocenarme, siguiendo moldes viejos. Vine a este mundo a sugerir cambios. Y ya lo tengo más claro (como misión) que mis propias cosas terrenales. Aquí va el análisis, más exhaustivo ya que también hablo por experiencia propia.
Cada vez que nos destacamos en algo, surgen inexorables los que se convierten en detractores, o al menos los que le buscan el lado B, o la parte oscura a nuestros éxitos.
Allí aparecen los envidiosos, con su bagaje de críticas infundadas, que ni siquiera pueden sostener sus argumentos, cuando se los increpa para que justifiquen su opinión o documenten por qué dicen que estamos equivocados.
Te anticipé que esta entrada tendría detalles personales, porque en mi propia carrera de escritor, la medida de lo que iba consiguiendo destacarme me lo daba el aumento (directamente proporcional) de las críticas que recibía, incluso de mi propio entorno familiar.
-“Estás triunfando, Oscarcito”-me dije un día. No te quepa duda. Ya tenés quien se ocupe de tu obra porque existe, aunque sea para desmerecerla”.
Obviamente, el tiempo y mi propio crecimiento, me dijeron que los descréditos, casi siempre son elogios encubiertos. El mediocre no tiene la dignidad de aceptar y aplaudir abiertamente a otro, como lo hace el digno. Prefiere desacreditar al capaz, para no sentirse tan inútil. ¡Pobre, que miserable y vacío se lo ve, cuando uno le saca la máscara!
A mí me inspiran casi lástima y no lo siento por soberbia, sino por consciencia. Esas personas, en lugar de procurar emular, estimularse, y hasta “imitar” (que no es lo mejor, pero sería rescatable como intento), se ponen a ensuciar la trayectoria del triunfador. Claro, que no pueden. Su estrategia dura lo que tarde el oyente en notar su mala intención. Después ya no se los tendrá en cuenta. Uno seguirá valorando a sus referentes, sean éstos escritores, artistas, músicos o la especialidad que practique cada creativo, por lo que le aporta a su alma y no por el descrédito que pretende instalar el criticón. Yo ya no busco aceptación. Hago y digo lo que siento. Tampoco le respondo enojado a los que disienten y hasta intentan ofenderme con sus comentarios. No pueden lograr lo que uno no acepta. No pierdo más energía. Sólo acepto la opinión constructiva.
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A nadie le gusta decir que tiene miedo. Eso lo descalifica. Pareciera haber una obligación de ser valiente, enfrentar cualquier situación, tomar la decisión acertada y salir adelante levantando la corona de laureles de los vencedores. Pero en la vida cotidiana no es así. No podemos ser todo el tiempo triunfadores. Muchas veces, esos miedos, no son conscientes y uno los trata de ahogar o enmascarar con una reacción agresiva para dilatar el compromiso. Algo nos demora, nos posterga, no nos permite decidir. Allí también surge la necesidad de no contarlo a cualquier persona. Puede aumentar nuestro dolor, porque habrá quien tenga el corazón y el temple justo, para no juzgarnos como cobardes, y darnos un aliento en pos de la solución de nuestro conflicto. Pero generalmente, en el que escucha, asoma una sonrisita burlona o socarrona que significa: ¡Qué vergüenza, cómo no te animas a algo tal fácil como renunciar, separarte, decirle que no a tal o cual propuesta!
Y una vez más seríamos ingratos e injustos. El que está viviendo un dolor, que conlleva una incertidumbre, no lo sufre porque quiere (salvo los masoquistas), porque suponiendo que se trata de una persona “normal” (el término siempre debiera ponerse entre comillas), algo le impide esa toma de posición frente a lo que la perturba y que a nosotros nos puede parecer sencillo.
Entonces, primero hay que escuchar. Escuchar más. Luego, entender. Más tarde evaluar lo que le vamos a decir. Porque tal vez sólo es válido para nosotros. Y finalmente, opinar breve, conciso. Pero siempre y cuando se nos pida, y no por la soberbia de mostrar que somos más hábiles o inteligentes, y que ella está en un nivel inferior de capacidad resolutiva. Nunca hagamos sentir más triste al que sufre, sumándole la idea de incapaz. Infinidad de veces, en nuestro comentario, aunque pretenda consolar, hay implícita una descalificación.
Cómo ejemplo, coloquial, sería decirle: “No seas tonto, por favor, me extraña, ¿cómo no te das cuenta de algo tan sencillo?”
Horrible ese comentario. Sólo suma desazón y algo de vergüenza. Nos pueden contestar muy mal. Hace sentir idiota a quien, tal vez, es más sensato que nosotros mismos y entonces le surge la violencia. Y por algo que no vemos será que, todavía, no encontró la salida menos traumática (o más equitativa) para las partes que estén en juego en su conflicto. Read the rest of this entry »

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La vida es siempre un desafío que invita a seguir. Pero no tenemos señalado un camino. Hay que hacerlo. Se lo va trazando mientras avanzamos. No existe un mapa previo para elegir el recorrido menos escarpado o inclinado y pedregoso. No sabemos si termina, allí nomás, o nos lleva hasta la meta. Porque tampoco existe una meta. Ese supuesto final de la travesía, es una convención para no desilusionarnos. Algo que debe haber inventado y difundido alguien, hace mucho tiempo, cuando descubrió, meditando, que sólo existe el presente. El aquí, donde estás. El ahora, en el que existís, pero nada más. El pasado se quedó con tus huellas, pero ya las borró. Como no quedan señales en los cielos que surca un ave. Pasa, pero no deja marcas. Es su lugar infinito, es su mundo sin delimitar. La guía su propia naturaleza y no se demora mirando los terrenos superados en su vuelo.
Por eso, creo que debemos imitar a los pájaros. No intentemos mirar hacia atrás y encontrar nuestras huellas, o creer que le sirven a otro de guía. No. Esos pasos dados ya no están. Fueron nuestras elecciones cada vez que la vida nos ofrecía una disyuntiva, un punto de bifurcación sin señales camineras. Ahí, estuvo vigente el libre albedrío. Tal vez, lo elegimos sin darnos cuenta. Quizás estuvimos horas pensando si tomar el sendero de la derecha o el de la izquierda. Y pudo pasar, que eligiéramos hacer uno nuevo, distinto, justo en medio de los dos. Nuestro camino. No el de los que nos antecedieron en este laberinto de la Existencia. Por eso vale. Porque está más allá del resultado obtenido. Fue lo que sentimos en ese momento. Único, irrepetible o maravilloso, donde se nos dio el derecho de elegir por dónde y cómo seguir abriendo brechas, en medio de las rocas, cruzando pantanos aún amenazados por las alimañas. En definitiva, se nos dio la libertad que siempre merecimos. Ahora, depende de nosotros, renegar por el error o disfrutar por el sendero personal que estamos utilizando. Pero tampoco nos preocupemos por dejar huellas. A nadie le sirven, aunque nos duela. Nadie debe imitarnos. Cada criatura, y no sólo el hombre, debe ser ella misma. Y embarrarse o disfrutar de una senda perfumada y cubierta de fresca sombra. No existen los caminos preestablecidos, son rutas imaginarias que duran lo que permanece nuestra voluntad al elegirlas.

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Vivimos en un mundo de ilusiones. Pero no me refiero a los sueños de alcanzar algún objetivo que nos haga más felices, sino al hecho de que todo es relativo y cambia según el ángulo o condicionamiento desde donde se lo mire. Ya me ocupé alguna vez de la magia de las escenografías, tanto cinematográficas como teatrales o televisivas, que nos hacen ver actores dentro de una nave espacial o una calle en perspectiva llena de edificios y que no existe. Puede ser el fruto de un trabajo de montaje en la computadora o un efecto fotográfico con lentes especiales, más ese tipo de tomas que suelen llamarse “de ojo de pescado”.
Cuando digo que tu realidad no es la realidad, me refiero específicamente a nuestra manera de acomodar las cosas de la forma que queremos verlas o sentirlas.
Si alguien dice, por ejemplo, “tal persona me trató mal”, tal vez debiera revisar si ella no tomó a mal, un cierto tono más firme o seguro en quien respondió como su propia personalidad le indica y fue fiel a si misma, no como agravio a un semejante. No debemos cambiar nuestra personalidad para satisfacer al otro. Eso sería perder identidad.
“Si te molesta mi brillo, ponte anteojos para sol”, suele decir una amiga y tiene razón. No tenemos que bajar nuestra luz, porque el otro esté acostumbrado a la oscuridad. Suele opinarse muy rápido y, obviamente, con un juicio injusto, sobre temas que requieren más análisis. Read the rest of this entry »

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Uno mismo debe convertirse en su propio jardín, aunque no sea el Edén. Y basta ya de los prejuicios, y de ser egoístas. Basta ya de sentir que no lo merecemos. Todo lo que hay en este vasto universo nos pertenece y está para nuestro goce. Nosotros, somos los que lo perdemos por distraídos. Pero siempre algo o alguien nos vuelven al camino, al remanso, al vergel donde crecen las más puras y hermosas margaritas blancas. Todo un símbolo de vida y armonía. En la foto de esta nota, puedes encontrar un estímulo. Ahí, estoy en mi jardín, delante de mi casa. Un espacio de 8 por 10 metros de superficie. Humilde, sencillo, con malvones rojos, que mi madre amaba, con paredes desnudas (donde ya planté hiedras para que se adueñen del espacio y trepen libres por los ladrillos llevándolas hacia arriba, hacia el sol, hacia donde nada les impide disfrutar de su propia naturaleza).
Mira mi sonrisa. Es vida, es alegría. No fue armada “para la foto”, fue para mi libertad, para manifestar mi agradecimiento a la Existencia.
Y vos también podrías sentir lo mismo. Es lo que te deseo con esta reflexión más intimista que un análisis filosófico, más confesión de mi alma, que expresión de mi intelecto.
Y a esta entrada, casi la estoy pensando más que escribiendo. No es parecida a otras notas de este sitio, donde quiero dar una nueva idea para provocarte una nueva reflexión. Aquí reflexiono para provocarte nuevas ideas. Quiero ser cada día más imprevisible, pero sí confiable, que no es lo mismo. Y rompí todos los moldes de las hipocresías que me exigían ser ortodoxo, correcto, formal, mantener un estilo, una forma literaria para no desvirtuar mi condición de escritor ni mis “laureles”. Nada de todo eso me serviría si no me hace feliz. Read the rest of this entry »

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Habrá mucha gente que dirá: la de Dios. Y no está mal. Dios es una palabra ambigua. Válida, pero evasiva. Grande, pero no dice mucho. Respetada, pero no siempre entendida… o comprendida a medias (y seguida en un cuarto). A la vida la sostiene la Existencia y no al revés. Como máxima Entidad, Totalidad o Principio, a estas palabras yo las escribo con mayúscula. Pero la vida es lo que entiendas y hagas con ella y por ella. Puede ser tu calvario y desierto, o tu paraíso. Un valle de lágrimas o un oasis de frescuras y risas. Depende de tu elección a cada paso. La vida no es algo estático y fijo. Predeterminado y cruel. Ni siquiera se podría decir que es lo opuesto. Porque es todo y viene del Todo. Es la consciencia de existir y el hecho de seguir existiendo en su homenaje. Es camino y llegada. Pero dije llegada, no final. Es el principio y la razón de ser de cada cosa, el motor de cada ser que habita en ésta o cualquier dimensión. ¿Y qué significa? Que siempre estamos yendo hacia un nivel superior. Nos insuma una o muchas vidas este proceso de aprendizaje, en todas las experiencias crecemos. Y cuando hayamos evolucionado lo suficiente, vendremos menos veces o nunca más, porque habremos egresado de esta escuela multidisciplinaria. Eso lo sabes.
Y si no lo sabes o no lo aceptaste aún, también está bien. Siempre serás el dueño de tu historia. Pero un día descubrirás a la Gran Verdad en tu experiencia propia. Y podrás desoirla o tomarla como Guía. Seguir golpeándote o evitando el golpe. En algún otro día (en realidad, en alguna vida ) llegará la iluminación. Se despertará tu consciencia superior y dejarás de sufrir. Porque el sufrimiento sólo es escuela, no una condena. No hay un Tribunal cruel que te manda a sufrir cuando naces, sino a evolucionar. Y tampoco te lo “ordena” como algo impuesto. Es un regalo. Te concede el privilegio de hacerlo. ¿Te sigo contando? Read the rest of this entry »

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Desde la llegada del Control Mental, aproximadamente por la década del 50, y traído de la mano de su creador, José Silva, se empezaron a desarrollar técnicas de relajación y meditación, como vías paliativas para superar dolencias, etc. A muchas de ellas, se las llama actualmente Terapias Alternativas.
Son una serie de actividades de apoyo y orientación, impartidas por distintos especialistas, que tienden a aliviar el malestar de quienes no encuentran salida en las terapias psicológicas o médicas convencionales.
Cansados de pagar sesiones de psicología tradicional y seguir con la misma angustia y conflictos, la gente empezó a visitar a un amplio abanico de gurúes, parapsicólogos, videntes, tarotistas, consejeros espirituales y aplicadores de energías de distinta índole.
Se difundieron los beneficios de las Flores de Bach, el ejercicio del Yoga, en sus múltiples variantes, el Tai Chi y la consulta a ciertos personajes, que siendo una mezcla (no ortodoxa) de médicos, sacerdotes y guías espirituales, sin color religioso determinado, pueden contribuir a sacar de la crisis a muchas personas, sin recetar psicofármacos o analgésicos.
Es un tema delicado, filoso, controvertido, pero conlleva una cara positiva. Si hace bien, si no se abusa de la necesidad como lucro económico y está basada en el amor al prójimo, yo lo avalo y puedo decir, con conocimiento de causa, que es más efectivo su tratamiento que cien consultas a un psicólogo cerrado o a la administración de comprimidos que no curan y sólo son parches momentáneos.
Un ansiolítico no soluciona una angustia, la enmascara, la oculta en la somnolencia que provoca. Hay que ir a su origen. Charlar con el paciente y no sólo escucharlo. Proponer, cambiar el plan, abrir otra opción… En fin, ahí está el arte, la buena acción, la ayuda de quienes practicamos terapias alternativas. Yo diría que, muchas veces, somos la única alternativa. Pero está bien que haya gente que no las acepte. Cada uno es dueño de sus propias salidas o encierros. No hay que incidir en la voluntad individual. No se deben crear adeptos, sino liberar consciencias.

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Con los mismos métodos no se consiguen nuevos resultados. Esta verdad que parece tan obvia es, sin embargo, una sana advertencia de la necesidad de encarar distinto nuestro accionar. Si ya hemos comprobado que sufrimos por las reacciones frente a lo que no podemos cambiar, y las decepciones de acuerdo a nuestras excesivas expectativas, creo que buscar el equilibrio es sano para nosotros y para el mundo. Durante muchísimos años se nos habló de la llama violeta o rayo violeta y su función transmutadora. En una etapa el mensajero de esa filosofía o método para cambiar nuestra consciencia, era el Conde de Saint Germain, alma gemela de Conny Méndez, quien (desde Venezuela) le dio al mundo uno de los libros más significativos de la metafísica, como fue Metafísica Cuatro en Uno. Luego se sumaron otros maestros, con sus propias teorías y técnicas, pero seguimos ignorando que tenemos herramientas muy poderosas, como el poder de la palabra, el decreto positivo, y del daño que nos procuramos con los miedos, y otras calamidades auto generadas, que podemos revertir.
Si se toma la iniciativa de “Vivir en violeta” (un título de mi trilogía), el resultado es inmediato. Mejoramos nuestra salud, vivimos más relajados, (aún en plena actividad), alejamos la escasez, mejoramos todas nuestras capacidades perceptivas. Allí aparecen herramientas como la clarividencia, el poder sanador de la energía aplicada con las manos, la armonización del cuerpo físico que redunda en mejor descanso nocturno, más lucidez mental en el tiempo de vigilia, y una paz inigualable que inunda el corazón.
No es un milagro, sino un resultado. Es un cambio de actitud donde no se reniegue de la vida, y se la acepte en todo su maravilloso abanico de experiencias. Nos recuerda que encarnamos (en este plano denso) para evolucionar, aprendiendo aquello que quedó trunco en una existencia anterior. Siempre se puede limpiar nuestra mente de atavismos y cargas culturales que impiden el crecimiento. Liberarnos por nosotros mismos y para serle, luego, más útil a los demás.
Lo digo con frecuencia y hoy lo reitero: trata de “vivir en violeta”. Eso significa transformar en amor y vida, lo que otros siembran como odio y muerte. No somos magos, pero podemos hacer que la vida sea un experiencia mágica.

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Mucha gente se pasa la vida reclamando por sus carencias. Es verdad que hay situaciones donde la pobreza puede ser causa de un régimen político, social, injusticias de la economía de un país, y muchas causas más.
Pero también es muy cierto que, en la mayoría de los casos, se debe a nuestro propio accionar.
Nadie conseguirá nada, esperando que se lo traigan servido. En la supuesta comodidad de no hacer esfuerzos, para encarar un proyecto con toda la energía positiva y ganas de salir adelante, el resultado será negativo.
A los cómodos, la vida les cuesta más. A los haraganes, la vida les da menos.
Por este simple razonamiento, te habrás dado cuenta a dónde apunto con esta reflexión. Un libro exitoso, por ejemplo, no se escribe solo, ni es la copia de otro (como plagio). Un éxito cualquiera es siempre el certificado de calidad de su generador.
Ya hemos visto que el mundo es igual para todos, pero seguimos diciendo que con nosotros es injusto. ¿Injusto?
No. Todo está en su lugar, y llega a nosotros por merecimiento, sabiamente otorgado por la Consciencia Universal. Si no nos visita la abundancia es porque nos hemos anclado en la idea de la carencia. Cuando una persona se queja de sus pocos recursos materiales, debiéramos ver en que contexto vive y seguramente encontraremos que se deja influenciar por el pesimismo de los ineptos. Read the rest of this entry »

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