Archive for Notas Inéditas

Podrán vestirse con colores varios,
cambiar su identidad con nuevo atuendo
que oculte su verdad, su sentimiento,
y así ponerse de espaldas a la vida.

Podrán cambiar su imagen cada día,
haciendo un camuflaje y ocultarse,
pero en alguna ocasión, todo se cae,
y quedarán al desnudo, sin ropajes.

Podrán quizá imitar a un exitoso,
sin contar con su arte, sin el menor prejuicio,
pero nada habrá de ser más honorable,
que mostrarse, al natural, sin artificios.

                                                            Oscar Capobianco

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No hace falta haber sufrido el accidente del derrumbe en una mina, para quedar totalmente atrapados, como les ocurrió a esos 33 mineros chilenos. No fue fatal, con pérdidas de vidas humanas, porque el Universo, seguramente, quiere darnos alguna lección con esto.

Siempre podemos caer en esos encierros.

Y no estoy hablando de la reacción de una montaña, que está siendo explorada en busca de minerales para el uso del hombre, y que se convierte en trampa como en este caso, en particular, de la Mina “San José”.

Todo hombre que trabaja merece vivir, y ellos viven, pero nunca podrán olvidar esta experiencia. La que, ahora, están viviendo.

No sólo la de la claustrofobia hasta el momento del final feliz, cuando, dentro de unos meses, emerjan por esa excavación que se está haciendo con el fin de rescatarlos, elevándolos de uno en uno y puedan abrazar a sus familias. La televisión del mundo mostrará dentro de unos meses, ese día de dicha. Aunque se los verá distintos. Y es que… saldrán cambiados.

Algo imposible de prever, en toda su magnitud, es cómo quedará afectado sicológicamente cada uno de esos hombres, que hoy comparten un espacio tan chico, tan oscuro, tan solitario. Con miedos, expectativas, con dudas.

¿Y nosotros, aquí, arriba. Libres, al sol, con aire abundante, y nuestros seres queridos al lado… podremos aprender algo?

¿Será su ejemplo de solidaridad, de compañerismo, frente a toda circunstancia, lo que estos mineros nos estarán mostrando?

¿Habrá que esperar el resultado del rescate para entender su situación como un símbolo, como una advertencia?

Todos somos mineros chilenos. Todos estamos encerrados dentro de nuestras propias limitaciones. Hay que ver desde el otro costado el paisaje del camino que creemos conocer tanto. No es fácil explicar las causas geológicas que provocaron el accidente, sin tener en cuenta, la propia acción de los intereses materiales del hombre. Ellos, los ahora cautivos, cumplen con su trabajo, pero alguien está por encima, dicho en el sentido de autoridad. Expresado como posibles poderosos dueños de esa explotación.

La Tierra nos cobija, nunca nos agrede. Pero nosotros la herimos, la usurpamos, le cambiamos su fisonomía, desfigurando su bello rostro al hacerle tantas cicatrices…

No quiero extenderme en esta reflexión. Te la dejo así, inconclusa, para que le agregues a tu vida quizás algún estímulo en el crecimiento de nuestras consciencias. Yo hoy quise sentir algo que no me tocó en la “realidad”, de mi vida personal, pero que me hizo pensar mucho, sentir mucho, y es que: Todos somos mineros chilenos.

 

 

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A VECES

 

A veces cae la noche

a llevarse el ocaso,

los últimos naranjas,

del día que se escapa.

 

A veces se agazapan

debajo de los sueños,

los miedos insistentes,

que tristezas rescatan.

 

A veces no aparecen

en el arcón del alma,

esas horas de ensueños,

que ya no están presentes.

 

Pero nunca olvidemos,

que hoy, mañana y siempre,

tendremos nuestra esencia,

y eso… ya es suficiente.

 

                                                                   Oscar Capobianco

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No he conocido nada más efectivo para dormir bien, que vivir con honestidad. Así de contundente es mi sentir. Así de práctico y con una ventaja adicional: la de no necesitar ningún medicamento para combatir la falta de sueño. Sólo basta el corazón tranquilo por haber obrado con dignidad a lo largo del día, que, durante la noche merecerá soñar cosas felices. Aunque se haya equivocado en algunas elecciones, durante las vigilias. Tal vez no siendo lo suficientemente claro al explicar lo que sentía, pero siempre contará con la paz interior que da la seguridad de obrar con la consciencia, como única rectora de cada acto frente al semejante.

Siempre se puede ser digno. No hay que razonar ni ser intelectual para ser honesto. Tampoco hay que estudiar para serlo.
Sólo hay que recordar la esencia divina que nos integra, y volver a establecer los valores espirituales como normas de vida. Ese amor, que se nos fue perdiendo por el camino. Hay que renovar la compasión. Tirar la  bolsa
agujereada de hacer compras inútiles. Dejar de especular con actitudes de bondad prefabricada o generosidades falsas. Limpiar nuestra misión, y no “misionar” porque queda bien como rótulo de prestigio social. Y el camino es muy fácil de transitar. Sin equipajes con la pesada carga de las hipocresías. Siendo auténticos, piadosos, tolerantes, sinceros, y directos al hablar (sí, directos), sin eufemismos ni retóricas de compromiso. Esa hojarasca que no le ayuda y sólo aumenta el fuego  a nadie. El que quiera escuchar sólo palabras bellas y aprobatorias, que las genere antes en su propio vocabulario. Entonces, por carácter transitivo, las oirá después en boca de sus interlocutores. No existe algo más fiel que el eco. Repite exactamente lo que recibe. Devuelve lo que le entregamos y en ocasiones, amplificado. Y la vida está armada con ecos. Es un eco de la Voz Divina, que ya casi no escuchamos porque no la emitimos.

Todo es mucho más simple. No se recibe lo que no se da. Y a veces, tengo vergüenza ajena, como suele decirse. ¿Cómo es posible que a esta humanidad, todavía haya que recordarle lo que debiera enseñar y no tener aún que aprender?

Ser honesto es más fácil, económico, práctico, útil y cómodo que mentir. La cualidad de la verdad desnuda nos exime de caer en la mediocridad del embuste y sus extraños ropajes.

No terminamos de ver la bendición que significa actuar con plena confianza de no estar traicionando a nadie, ni traicionándonos. Y en el orden práctico, la honestidad es el mejor remedio para el insomnio. Mente sana, corazón noble y palabra justa, ese es el cóctel para brindar, festejando la fiesta de la vida, y luego dormir (sin sobresaltos) hasta que el nuevo sol nos invite a la acción. Un privilegio que sólo tenemos los seres vivos. Aunque a veces sólo nos “hacemos los vivos”.

Cuánto más sincero consigas ser, menos ataduras sufrirás de los demás, porque será preferible que se alejen de tu vida, si no les gusta tu transparencia, antes de que caigas en sus especulaciones. La honestidad tal vez no sea siempre redituable en el mundo del comercio, pero es el mayor capital y la fortuna más grande que posee el alma y la salud del cuerpo. Pero te aclaro algo, crea adicción. Es inevitable. Si sos honesto, lo serás de por vida.

Votación: 4.9/10 (54 votos cast)

Una jarra sin vino,
mantel viejo, la sopa,
una silla ruidosa
y un perro que no ladra.

Una lámpara chica,
una sombra muy larga,
el anciano está sólo,
y ya no espera nada.

Un auto pasa lejos,
ese ruido acompaña,
deben ser otros solos,
que van buscando el alma.

Un tenedor vacío,
la boca desdentada.
Una vida que escapa,
por otra telaraña.

Un silencio, un suspiro,
un soltar la cuchara,
el anciano se ha ido,
y nadie notó nada.

Oscar Capobianco

Votación: 5.5/10 (73 votos cast)

Me quiero imaginar tu primera reacción al leer este título.
¡Qué pesimista es este hombre, por Dios, qué desconfiado!
Aunque tal vez no sea así, por supuesto. Pero, soy humano y me imaginé que pensarías algo similar.
En cambio, si creés que estoy en lo cierto, vas a comprender mejor a qué me refiero en esta reflexión. Y si sentís que estoy equivocado, tal vez será otra tu postura, aunque yo seguiré estándolo, porque no espero nada de nadie, nunca. Y últimamente, ni siquiera aceptación.
Ocurre que a lo largo de la vida uno capitaliza experiencias en el trato con los demás. En una primera etapa, nuestros padres, nos resuelven muchos problemas. Luego, quizás haya que lidiar, compartir, o pelear, depende el grado de relación, con hermanos y cualquier otro caso de vinculación que se tenga. Más adelante llegará el grupo de amigos, compañeros de estudio, alguna que otra persona (como primer noviazgo) y la interminable lista de “consejos” de profesores, sacerdotes, vecinos, tíos, profesionales en distintas disciplinas, en fin, todos los que (de una u otra manera) intentan amoldarnos a su punto de vista, o en ciertos casos, que cumplamos con su orden.
Lo que aquí planteo es una medida sencilla, y terapéuticamente necesaria para conservar la calma y no sufrir tantas decepciones.
Ejemplos de sometimientos, habría miles, pero voy a ser más escueto. En el supuesto caso de que depender de otro, sea tu forma de actuar o reaccionar, y sufras ante un hecho desafortunado debido a la falta o incumplimiento de otra persona en algo tuyo, te sugiero un breve análisis de situaciones clásicas y molestas con las que solemos encontrarnos en nuestro diario vivir (o subsistir) y podemos evitar. Read the rest of this entry »

Votación: 6.9/10 (68 votos cast)

Es lógico soñar.
Es admisible tener la esperanza de una vida feliz. Es natural que el hombre ansíe la paz. Es histórico que la felicidad sea casi una quimera, pero… si suspendemos esta lista de lo que sabemos, tal vez caigamos en cuenta de algo que se nos pudo pasar por alto.
Y es una pregunta: ¿Qué estamos haciendo por nosotros mismos? ¿Qué cambios le estamos implementando a nuestra conducta, a nuestras ideas sobre la vida y los demás para no ser víctimas permanentes de los sentimientos?
Porque ya debiéramos saber que lo que sentimos, lo genera nuestra idea sobre algo. Dicho en forma de máxima metafísica, podríamos afirmar que:
Lo que pienso, digo y siento, es lo que obtengo. Vayamos despacio, a completar la mirada.
La vida no es un camino de rosas, aunque haya miles de rosas en nuestro camino. Esta aparente paradoja no lo es. Porque esas flores que ansiamos, como símbolo del mundo idílico que sentimos merecer, pueden ser cultivadas por nosotros, desde dentro y no fuera de nuestro ser. Lo que nos pasa, bueno o malo, es nuestra elección en gran medida. Siempre somos responsables de nuestro estado anímico. Provocamos nuestras risas y nuestras lágrimas. Tal vez por confiar en la persona equivocada. Tal vez cuando dejamos en manos de otro algo que teníamos que hacer nosotros… tal vez…
Y vuelvo a proponerte una pausa, para analizar más los simbolismos de las cosas, que su definición académica o material. Un camino, puede ser intentar una actitud siempre positiva. Ella nos irá marcando hacia donde seguir, aunque no haya ningún cartel indicador al costado del sendero. Todo el cuerpo lo manifiesta. Hay un equilibrio nuevo, en la salud, inclusive. Uno sabe que está yendo bien. Uno siente que no se está equivocando. Uno va confiado hacia ese supuesto futuro, que sólo debe ser un mínimo estímulo, ya que lo único valioso es el presente. Read the rest of this entry »

Votación: 6.3/10 (93 votos cast)

Toda persona, en algún momento de su vida se enamora, y en pocas semanas cree haber encontrado a ese ser “especial”, a quien será su mejor compañía. Más tarde se deslumbra con las felices coincidencias que lo hacen “el uno para el otro”, pero…
En en la primera diferencia seria de opiniones, se empieza a descascarar la pintura de la fachada, (y no me refiero al aspecto físico por el correr natural de los años), sino a la máscara de la hipocresía que -por la fuerza de la verdad- pierde consistencia y se empieza a desprender.

Poco tiempo más adelante, vemos el interés que la acercó a nosotros, y aquella dulce voz de los “te quiero”, pasa a ser la amarga presión de los “te exijo”… y en varias diferencias posteriores, sentimos cómo se va cargando nuestra vida de heridas en el alma, sumando las escenas desagradables de celos enfermizos. Empezamos a sentir (sobre nuestras espaldas) algo muy pesado. Un animal muerto que no teníamos cuando estábamos solos: Es la incipiente mochila del hartazgo, un paquete inmerecido y más grande que nuestra resistencia. Algo inmanejable que nos aplasta y parece contener más pertrechos militares que dulzuras, y que va aumentando su peso a medida que discutimos con nuestra des-pareja…

Y un día, al fin, esa cruz de plomo metafórica, se hace insoportable. Pero todo tiene un límite en nuestra tolerancia, y por fin, tiramos de una vez el pesado lastre de esa mala compañía. Entonces sí, Bendito sea Dios, recuperamos totalmente nuestra identidad, nuestra paz, nuestros silencios, nuestra salud mental y espiritual, nuestra autonomía. Al fin, volvemos a vivir sin la horca en el cuello.

Pero muchos, por cobardes, prefieren seguir mal acompañados, con tal de tener algún receptor de sus berrinches, y no se animan a provocar el parto por cesárea, hacer el hueco necesario, y poner la suficiente y saludable distancia entre ambos contendientes.

No soy ignorante, lo sabés. Todo lo contrario. Admito que cuesta y reconozco que se puede sufrir un poco o mucho los primeros tiempos por esa “supuesta soledad” que da el corte, pero vale la pena, es un regalo del cielo, y el resultado después es maravilloso. Salimos del engaño auto impuesto. Y en pocas semanas vamos notando cómo se instala la verdadera libertad de nuestro ser, las primeras lágrimas se convierten en canto. Una canción que crece a medida que la cantamos más alto, más entonados, sin la garganta velada por las discusiones estériles. Volvemos a la magia de ser nosotros, completos, enteros, luminosos, algo que nunca debió perderse.

Y vuelve a reinar a pleno, esa paz de la casa en silencio, se renuevan las plantas y proliferan las flores. Empiezan a repoblarse de luz nuestros jardines. Una primavera cultivada por nuestra capacidad de ponerle testículos a la situación y recuperar la dignidad de no ser más usados. El ser sin ataduras emocionales vuelve a ejercer desde nuestro corazón. Algo que no se negocia. Liberarse de una pareja, que fue una condena, no significa vengarse ni hacerle mal a nadie. No queremos provocar dolor, sino aliviar y eliminar el nuestro. Volver a lo que uno quiere, ser dueño de pensar, sentir, viajar y hacer lo que nos plazca (que no daña a nadie por supuesto, sino para dar alegría a otra gente, a los demás) pero sin dar cuentas ni justificar lo que sentimos a nadie.

Clickeá en el texto verde y seguí leyendo que ahora viene lo mejor… Read the rest of this entry »

Votación: 8.4/10 (82 votos cast)

Hemos escuchado decir muchas veces que vivimos en una jungla de cemento. Y la metáfora sigue estando muy vigente, si observamos el comportamiento habitual del hombre en distintas circunstancias y, fundamentalmente, en el trato con los demás. Todavía, y a esta altura de la civilización, lo vemos actuar en forma torpe, primitiva e irrespetuosa. Algunos ejemplares de esta sociedad moderna parecen incivilizados cavernícolas y recién llegados de una cacería en medio de la selva, con la presa todavía al hombro y su lanza aún chorreando la sangre de la víctima.
Si a esto le agregamos que sueltan una risotada desmedida en volumen y luego muestran una sonrisa idiota como justificándola, tenemos (sin mucho esfuerzo) la presencia de un primitivo absoluto. En contraposición, su interlocutor puede ser un educado caballero, con profundos conocimientos intelectuales, enfundado en su impecable remera blanca que, no obstante, lo trata con sumo respeto y cordialidad. (No hay que comparar esta descripción con el “personaje” que has reconocido (en dos versiones) en la ilustración de esta nota… ja…ja.)
Pero, como ya se dieron cuenta, en esta reflexión quise incluirme, con una cuota de ironía y humor, casi una autocrítica (aunque hace rato que dejé la lanza y el escudo).
Por eso voy a compartir con ustedes una nómina (un poco al azar) de actitudes y conductas que vemos a diario y corroboran lo que digo. Estos “representantes de la prehistoria”, en ciertas ocasiones suelen actuar así: Read the rest of this entry »

Votación: 8.7/10 (82 votos cast)

Muchas veces nos sentimos pequeños, insignificantes, casi invisibles, tal vez, como si pasáramos desapercibidos para el mundo. Y seguramente no es cierto. Somos valiosos, tenemos nuestra cuota natural de hermosura, pero nos falta algo. Nos queda aprender a unirnos, a compartir, a asociarnos con nuestros iguales. Encarar juntos muchas situaciones de la vida, asumir compromisos y desafíos unidos, cerca, sumándonos, “amontonaditos”, lo que no significa perder nuestras individualidades, claro. Pero algo ancestral parece tirarnos para atrás, a las épocas del egoísmo que ya debiéramos haber superado. Nos encerramos en nuestras soledades, para preservarnos y así nos marchitamos sin brillar, sin dar de nuestro propio néctar, nuestra fragancia, nuestro color. Entonces, si tomamos el ejemplo de la Naturaleza, y fundamentalmente, del reino vegetal, nos vamos a encontrar con muchas especies que nos brindan su ejemplo de asociación para el amor. Porque dar lo más bello de nosotros, siempre es ofrecer amor. Miremos las flores que ilustran esta nota. Ellas no tienen ego ni vanidades individuales. Se saben unir. Aumentan la superficie visible al juntarse con sus iguales y producen así, algo mayor. Esa especie de racimo florido, que es similar a como se agrupan las uvas. Ahí está el secreto. Juntas viven más felices. Juntas tienen mejor color. Puede parecernos una ilusión, un efecto cromático simplemente, pero es mucho más. Es una invitación para los humanos. Seguramente, los otros reinos, nos quieren sugerir que armemos una asociación para la belleza de nuestro género humano. Y el mundo se beneficiará con lo que reciba. Siempre es así. Hagamos un racimo de buenas voluntades. Yo me anoto: Tomame de la mano y ya seremos dos…

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