CÓMO SOBREVIVIR A LA FAMILIA
27 Feb 2009

Desde la Sagrada Familia hasta la “Condenada” Familia, hay un amplio espectro. Podemos encontrar racimos humanos de la más amplia gama de particularidades y características, según la región donde se hayan “plantado”. A semejanza de las uvas y cómo se haya cuidado al viñedo, desde los primeros brotes o sarmientos, dan buenos vinos o desabridos menjunjes con escaso color, poca transparencia y un aroma lejos de ser exquisito.
En nuestras inevitables familias, aparecen ejemplares “torcidos”, poco aptos para la noble tarea de acompañar una buena comida. Generalmente, pueden arruinarla con un mal comentario. Integrantes de esa plantación humana, crecen a nuestro lado porque el mundo es generoso hasta con quienes no le sirven (en todos los sentidos del verbo), y les ofrece un lugarcito para extender sus “ramas”.
Y aquí, podríamos entender, metafóricamente: novia, esposa, hijos, nietos… y toda la muchedumbre en la que se va convirtiendo nuestra maravillosa vida de solteros, cuando tomamos la decisión (¡casi digo la imprudencia!) de casarnos.
Puede parecer que no estoy de acuerdo con la institución familiar. Error. Me parece magnífico que exista, que cada cual haga la suya, que sean felices en todo lo que puedan. Si darles una mano depende de mí, que cuenten conmigo, pero las preguntas que siempre me obsesionaron son: ¿Tienen que vivir tan “pegados” que no puedo ni respirar? ¿Tienen que opinar cuando nadie les pide su parecer? ¿Tienen que caer de improviso un fin de semana y usar nuestra piscina, como si fuera un derecho o una obligación, por el lazo sanguíneo?, ¿Tienen que ser tantos cuando uno necesitaría hablar con uno solo, y siempre uno solo cuando uno necesitaría que lo acompañen todos?
Sobrevivir a pesar de nuestras familias, se ha convertido en una epopeya tan difícil y desafiante como alcanzar la cima de un monte escarpado. Y lo peor es que, si llegamos a esa cumbre, por nuestro esfuerzo, obviamente, allí estará la familia, inexorablemente, opinando, criticando, objetando el equipo que usamos, el tiempo invertido en el ascenso y como broche, apurándonos para bajar porque se les pasa su programa favorito de televisión. Y a uno le da ganas de desplegar sus imaginarias alas de libertad, y lanzarse al vacío de los solitarios. Un espacio libre, mucho más hospitalario, que esa jaula hacinada de una veterinaria en la que se ha convertido nuestra vida, por el cúmulo de parientes impresentables que se ha internado en nuestra vida y nos rodea.
¡Pero a no desesperar, queridos amigos! Yo siempre les propongo alguna idea como aporte a la salida de todo calvario. Aquí van 7 consejos para sobrevivir a la familia:
1.- Decir: “Justo estamos por salir”, cuando llame un pariente molesto con ganas de hacernos una visita inoportuna. Y agregar que vamos de viaje, con pasaje abierto y, cualquier cosa, les mandaremos un mail.
2.- Poner cara de “feliz cumpleaños”, ante la opinión de la cuñada, la suegra (o karma similar de parentezco), cuando evalúen alguna de nuestras pertenencias o le comentamos que iniciamos un deporte o el curso que ya estamos tomando (y nunca antes).
3.- Evitar en forma minuciosa y sistemática la costumbre de anticiparles información sobre cualquier proyecto que pueda significar un crecimiento para nosotros porque, (aunque digan lo contrario), no se alegran, sienten que ellos no brillan y eso los nivela para abajo.
4.- No engancharnos emocionalmente, con los caprichos, ambigüedades y desilusiones amorosas de nuestros adolescentes, ni con las quejas de nuestros ancianos por lo que tarda en atender el médico o el empleado, ni con el oxidado pesimismo de la vecina que, a pleno sol, anticipa cabeceando sentenciosa: “En cualquier momento se larga la tormenta”.
5.- Procurarnos urgente un ambiente privado donde nadie tenga acceso, ni pareja ni hijos… ni el gato. Y allí tener, a buen resguardo de curiosos, nuestros papeles, silencio, discos, silencio, libros, silencio…y pavaditas, tonterías, pero absolutamente nuestro exclusivo dominio.. ¡y en silencio, por favor!. Que sea un reducto inviolable y no negociable frente a ninguna presión. Nuestro pequeño paraíso terreno.
6.- Hacer todo lo que queremos hacer y nos gusta: leer, pintar, escribir, dormir, mirar por la ventana, sonreír frente al espejo al descubrir figuras en las nubes… Y lo fundamental: no explicar nada, no justificarnos… y ver, con cierta pícara satisfacción, cómo nuestros parientes siguen esperando que la magia llegue desde afuera, que les den permiso para ser felices o siguen lamentando lo que no hicieron cuando eran más jóvenes.
7.- Decretar, cada día, que nacimos y seremos siempre libres, y a pesar de todo y de todos, los queremos, pero somos nosotros mismos, auténticos, en paz con nuestra conciencia.
Y luego de relajarnos bien, (si tenemos ganas, y no por obligación de ningún tipo),con leve sonrisa de Gioconda, y para que no nos crean egoístas, le podríamos dedicar unos minutos y compartir algo con nuestra querida familia.
One Response
2009 Mar 02
Excelente! muy buenas ideas para lograr tener un poco de privacidad y silencio, sobre todo un poco de silencio cuando queremos ordenar nuestras ideas y nos ataca la voz del televisor, los juegos de la computadora o los gritos de los chicos. No es malo estar un rato solos, ni tener nuestro lugarcito privado. Gracias Oscar por tomar con humor las injerencias familiares, especialmente las opiniones que nadie pide!!!!!