Parece que es muy efectivo hablar de la abnegación, del apostolado, del sacrificio por los demás. Es más, se menciona al altruismo como la máxima virtud, a la que debiéramos llegar todos. Y es una mentira. Otro de los tantos disfraces que usan los infelices para sentirse un poco más dignos, en una sociedad que aplaude y valora al sacrificio, como si fuera un diploma de honor.
Muchas veces sacrificarse es ser idiota. Hacemos por el otro, lo que el otro no quiere ni necesita que le hagamos. Dejémoslo (de una vez) que descubra cómo valerse por sí mismo, que se caiga, que se lastime y así aprenderá a caminar con más precaución, a sanarse sus propias heridas. Pero no estoy hablando de las necesidades naturales de un bebé o una persona con capacidades diferentes. No seas tan quisquilloso, ni te anticipes cuando me lees. No empieces a rebelarte contra mí, como hacen los ignorantes, sin dejarme explayar.
Sé un poco más cauto. Tratá de captar el meta-mensaje que hay en mis palabras, el mensaje subliminal -o con un formato didáctico distinto- al envejecido método de las escuelas caducas. No te quedes en la letra muerta, no leas sólo el sentido literal de las frases, no seas tan purista del lenguaje, (algo que es casi una aberración en las comunicaciones). O hacé todo lo contrario, como quieras y dejá de leer aquí…
Si continuaste esta reflexión, te felicito y sigo expresándome sin cadenas ni prejuicios ni presiones…
Muchas veces hay que decir lo opuesto, lo que molesta, lo que choca, para provocar tu reacción, y hasta tu oposición. Diría que quiero sugerirte (y no obligarte) a revisar tus conceptos apolillados. conductas heredadas de padres ineptos, maestros convencionales o sacerdotes castradores. A mí me sirvió de mucho tirar la basura, el conocimiento vacío o tendencioso. ¡No. No quiero herirte, en absoluto! Mi intención tiene más de caricia y de protección para tu alma, que de crítica. Quiero sacudir tu modorra espiritual, hacer brilla tu esencia, tapada de léxicos y vocabularios vacíos, pero muy académicamente aceptados.
-¡Qué bien se expresa!-solemos decir de un intelectual.
Y no dice nada trascendente, sólo armoniza palabras que suenan elegantes, finas, de nivel culto.
¡Otro idiota inútil! De nada sirven las herramientas de un idioma si no limpian la cabeza de telarañas que tapan la sabiduría y adocenan las conductas. Es mil veces preferible que te enojes con el maestro, que borres un texto, y que luego lo recuperes para volverlo a leer. O que le digas a todos tus contactos que este tipo (Capobianco, el que escribe estas entradas) es un reaccionario o está loco.
¿Y quién podría asegurarme tu cordura? Mirá cómo te va. Mirá todo lo que sufrís por seguir moldes ajenos, pero que caigan bien y los acepte la sociedad.
-¿Qué van a decir mis vecinos si me ven con vos o con esta ropa? ¿Qué podrán pensar lo que crean que tenemos algo escondido? -repetimos.
¿Y qué? Qué piensen lo que quieran. Están en su derecho. Son entes vacíos y mediocres. No te van a aplaudir la diferencia, porque no se los permite la envidia. Sólo viven de reflejos, de las migajas que van tirando los que se liberan.
Los que censuran o chimentan, son presos pretenciosos que nos quieren empujar a la masificación para anular nuestras libertades. Sí, dije… eso. Ellos, quisieran que perdiéramos nuestra capacidad individual de decidir lo que se nos plazca en nuestros asuntos para no sentirse tan solos en su desgracia.
¡Basta ya de disfrazar la inoperancia de altruismo!. Que me dejen de censurar. Yo quiero ser como quiero, y si no pido ayuda, es porque no la necesito. En tanto que cuando pido compañía, no necesito consejos ni críticas, sólo compañía. Si no la quieren ofrecer, está perfecto, déjenmé solo, pero no me invadan con sus necedades. Guárdenlas para el que no sepa expresarse, para quien se deje dominar o no tenga medios de hacer conocer lo que siente. No me vengan a mí, con la idea del mérito del altruísmo, como una actitud benefactora que Dios premiará.
Prefiero ser infeliz y equivocarme, sacarme una nota baja, pero aprender a revertir situaciones, tener carencias, y sufrir mis elecciones, antes que venga un soberbio -en nombre del altruismo- a arreglar mi vida, ¿Qué vida va arreglar si no tiene herramientas ni para él? Su propia existencia está totalmente desdibujada y se pierde en su soberbia.
Ahora, sí, voy a dejar de escribir. Podés enojarte o felicítarme. Me da lo mismo. Lamento si te ofenden o me alegro si te hacen bien mis palabras. Me tiene sin cuidado. No busco aprobación. Sólo me expreso. Así es mi postura en este tiempo, (ya sin tiempos) para debates estériles.
Dejá que los santos sean altruistas, con sus doradas aureolas, es más coherente.
Como humano, prefiero un simple sombrero para protegerme del intenso sol, porque siento que es más sincero y productivo, como reservarme una sana cuota de egoísmo. No todos somos ni tenemos que convertirnos en mártires. Yo no lo quiero ser. Ni siento la menor obligación karmática ni espiritual. Que Dios no me lo permita. Que me deje ser vulgar, un don nadie, desconocido, casi anónimo… y pueda aprovechar -para crecer- a mi modesta vida humana. La que elijo. La que merezco.

Votación: 6.3/10 (50 votos cast)

| RSS feed for comments on this post

Comments are closed.