En las relaciones humanas, solemos conceder para retener. Algo que luego se volverá absolutamente en contra de nuestra libertad. Creemos, erróneamente, que esa persona nos brindará su benevolencia, en respuesta a nuestra actitud de sometimiento a sus caprichos. Pero no es así. Se abusará más de nuestra debilidad para manipularnos a su conveniencia. Lo peor que nos puede pasar es que descubra nuestra estrategia para retenerla, y aún cuando contiene una buena intención, la tome a su favor para lograr el dominio. Hemos dado muchas pruebas de nuestro amor, pero se las entiende como falta de individualidad. Ser más frontales es una actitud y virtud que mantiene nuestra libertad, aún en ocasiones límites.
Sepamos negar lo que no sentimos y aceptar las consecuencias. Debemos aprender a perder, que en realidad, es ganar porque nos permite quitarnos la mochila y volver a nuestro lugar. Donde nadie debe influir en lo que elegimos. Nunca se pierde aquella persona que dejamos de tratar porque nos perjudica. En realidad nunca la tuvimos con nosotros, ni cuando creímos que era nuestra pareja o nuestro amigo, porque no nos perteneció y mucho menos cuando empieza a ser un estorbo para nuestro crecimiento.
Hay libertades que no se negocian ni se ceden, en nombre del amor. Hacerlo es ser hipócrita. Nadie da de buena gana lo que no le conviene por algo. Dice lo contrario, porque tiene que justificarse frente a la sociedad como generoso. Finge amor o amistad cuando saca algún provecho, lo sepa o no conscientemente. Es su manera de actuar. Usa al otro hasta que le sirve y luego lo descarta como un sachet de leche vacío. No seamos ingenuos en esos casos y estemos alertas, seamos conscientes de cada movimiento y cada acción. Esto no significa vivir perseguidos, ni poniendo incómoda a la persona con nuestra desconfianza. Por eso debemos ser más sutiles. No comernos una rana camuflada como lechuga en una hamburguesa. ¿Queda clara la metáfora? Yo me harté de comer sapos y ranas, ahora prefiero pasar hambre o recurrir a un vaso de agua fresca.
Mi libertad no está en juego ni siquiera por el más grande de los amores.
¡A otro perro con ese hueso!
. Uno no cumple años, sólo para aumentar la cantidad de canas en su cabeza. La sabiduría llega cuando podemos descubrir el punto oscuro, por pequeño que sea, en el enorme paño blanco que nos quieren vender.
Si no pensás igual, está bien. Tu libertad te permite perder tu propia libertad. Y si sos honesto con vos mismo, te felicito. Yo la preservo, cada día más, contra viento y marea. Es mi mayor patrimonio, algo que no se pone en juego.

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