A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA

Tal vez tenemos algo de la herencia genética y mucho más de la herencia cultural. Nos parecemos un poco a cada una de las personas que tratamos desde chicos. Fundamentalmente, tenemos parte de aquellos que nos acompañaron y guiaron hasta los cinco años. Pero después… no nos dimos cuenta y nos fuimos desdibujando, adoptando costumbres, modismos, tics y particularidades de nuestros padres, profesores, sacerdotes (si fue que pertenecimos a los fieles de alguna iglesia) o profesores (de cualquier disciplina) que hayamos encarado para desarrollarnos en alguna ciencia o deporte.
Seguro que todavía hablamos con frases o refranes, hechos por otros, de otros y para otros. Pero aquí está el tema: ¿Cuándo empezaremos a ser nosotros mismos, a crear nuestro propio lenguaje? ¿En qué momento dejaremos de ser casi una copia del entorno, y recuperaremos la verdadera identidad?
No es muy importante llegar a descubrir cuando la perdimos. Pero sí, lo es, tratar de revertirlo. Debemos reencontrar nuestra individualidad, nuestro ser esencial, y sólo parecernos a nosotros. Ser una pieza única en el Universo. Así se nos “pensó”, así se nos “creo”, si tomamos en cuenta alguna Escritura. No hubo, no hay ni habrá, dos seres idénticos. En eso se apoya gran parte de la magia de la vida. Somos únicos. Entonces, ¿qué quiero decirte con esto? Recupera tus valores, tu sentir, tus propias palabras. No imites ni seas copia de nadie ni por mandato de nadie.
Tampoco concedas cambios en tu vida, que no querés hacer. ¡Si está muy bien que seas como sos! Una pieza original, no burda imitación abaratada. Si no hay ningún pecado en elegir ser distinto y actuar cómo sientas. Sólo hay que cuidar que no dañes, no ofendas ni invadas el terreno ajeno. Lo mejor, para tu felicidad, es que seas tu propio modelo y te parezcas a vos mismo. Se te unirán, entonces, los que “sintonicen” con tu frecuencia y evitarás los lastres de seres tóxicos a tu lado.
No es discriminar, es cuidarse.
Y ahora, me incluyo en la propuesta: Seamos absolutamente auténticos. Cón ética, pero reales. Aunque a alguien le moleste o no le guste. Esa reacción es un problema de él y a resolver con su analista. Somos libres. Mostrémonos al mundo distintos, sin vanidad, como estímulo para que otros se liberen de ser fotocopias de imágenes ajenas. Es bueno verse, como un reflejo en un espejo, aceptando la dualidad de nuestras propias polaridades, el yin y yang. La proporción más sana del componente masculino y femenino. La fuerza y la mansedumbre. El empuje y la calma.
En definitiva, tratemos de ser lo que merecemos ser: sólo a nuestra imagen y semejanza.

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