FALTAR A LA PALABRA ES INDIGNIDAD
08 Feb 2010
Si te digo que vivimos en un mundo que ha perdido el rumbo, estaría equivocándome. Somos nosotros los que le estamos haciendo perder el rumbo al mundo. No es un juego de palabras. Es poner a las cosas en su lugar. Sólo un mimo puede “faltar a la palabra”… (porque es su oficio, es su arte), Porque hoy, a los que hablamos, nos parece muy fácil atribuirle nuestros errores al estado de cosas, a la desidia del otro, al problema económico mundial y mil excusas más. Asumamos que se debe a nuestra falta de moral y conducta.
Prometemos y no cumplimos. Aseguramos y después ponemos en duda. Decimos que es así, y después nos retractamos alegando que creíamos que era así. Yo lo resumiría en algo muy simple: nos falta dignidad. Y esta palabra va más allá de su significado académico: Calidad de digno/Excelencia, realce/Gravedad y decoro en las personas en la manera de comportarse/Cargo o empleo honorífico y de autoridad.
Yo creo que significa: Respeto al semejante. Amor al compromiso. Consciencia de la importancia de las palabras y lo que simbolizan en el entendimiento humano. Comprensión por los derechos del otro, y podría ensayar algunas otras definiciones, pero serían más espejos del alma, que del intelecto. Pero voy a dar algunos ejemplos cotidianos y concretos:
1.- Te promete: “Mañana te lo devuelvo”, y tenés que reclamar diez veces eso que le prestaste, lo que te lleva más de una semana. Y lo peor, sintiéndote como si vos estuvieras en falta.
2.- Te aconseja: “Andá a ver a Fulano, de mi parte”, y esa persona te cuenta que a tu “amigo” no lo trata más porque es poco confiable y ya le perdió su respeto.
3.- Va a ver a una persona influyente de tu amistad, para pedirle algo invocando tu nombre o asegurando que va de tu parte, sin contar antes con tu autorización para usar ese privilegio. Eso es absoluto abuso de confianza.
4.- Empieza un trabajo para vos, y te pide un pago adelantado. Después, no termina su trabajo. Lo querés ubicar para ver qué pasó y no te contesta los llamados. Finalmente, se borra. Y si luego de varios reclamos de tu parte, reaparece, con mil excusas y lo hace, te advierte que el precio que te dijo ya es distinto, porque ahora, todo aumentó… y él no puede perder… ¿qué?
5.- Cuenta mentiras para congraciarse y obtener algún beneficio y ensucia en su camino a personas que no lo merecen. Es mucho más frecuente de lo que creemos.
Obviamente, este listado es simbólico, mero ejemplo de situaciones cotidianas de los que no tienen palabra. Seguramente podrás agregar muchos casos y experiencias que habrás sufrido en carne propia.
Mi humilde intención es que, juntos, tratemos en cada oportunidad que la vida nos brinde, de revalorizar el que podríamos llamar peso específico de las palabras. El valor del compromiso moral, social, humano y espiritual que ellas representan. Tal vez, por mi profesión, por esto de ser un comunicador, yo no puedo confundir los significados de mis palabras, ni siquiera los metafóricos. No es lo mismo elefante azul, que mariposa blanca. No es igual decir: “me quiero morir”, que “estoy muy triste”. Entonces, no puedo pretender ser bien comprendido si uso un lenguaje hermético, o el usual en la deformada jerga callejera. Tampoco si lo hago cifrado, falsamente erudito o directamente deshonesto con mi sentir. Me parece que es un agravio a tu inteligencia, y una afrenta a tu sentimiento. En suma, lo que siento es que: Faltar a la palabra es indignidad.
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