Uno mismo debe convertirse en su propio jardín, aunque no sea el Edén. Y basta ya de los prejuicios, y de ser egoístas. Basta ya de sentir que no lo merecemos. Todo lo que hay en este vasto universo nos pertenece y está para nuestro goce. Nosotros, somos los que lo perdemos por distraídos. Pero siempre algo o alguien nos vuelven al camino, al remanso, al vergel donde crecen las más puras y hermosas margaritas blancas. Todo un símbolo de vida y armonía. En la foto de esta nota, puedes encontrar un estímulo. Ahí, estoy en mi jardín, delante de mi casa. Un espacio de 8 por 10 metros de superficie. Humilde, sencillo, con malvones rojos, que mi madre amaba, con paredes desnudas (donde ya planté hiedras para que se adueñen del espacio y trepen libres por los ladrillos llevándolas hacia arriba, hacia el sol, hacia donde nada les impide disfrutar de su propia naturaleza).
Mira mi sonrisa. Es vida, es alegría. No fue armada “para la foto”, fue para mi libertad, para manifestar mi agradecimiento a la Existencia.
Y vos también podrías sentir lo mismo. Es lo que te deseo con esta reflexión más intimista que un análisis filosófico, más confesión de mi alma, que expresión de mi intelecto.
Y a esta entrada, casi la estoy pensando más que escribiendo. No es parecida a otras notas de este sitio, donde quiero dar una nueva idea para provocarte una nueva reflexión. Aquí reflexiono para provocarte nuevas ideas. Quiero ser cada día más imprevisible, pero sí confiable, que no es lo mismo. Y rompí todos los moldes de las hipocresías que me exigían ser ortodoxo, correcto, formal, mantener un estilo, una forma literaria para no desvirtuar mi condición de escritor ni mis “laureles”. Nada de todo eso me serviría si no me hace feliz.
Y lo que me hizo feliz, fue haberme puesto la camisa lila, con algo de fucsia, haber mirado muy relajado (a la cámara de Claudia Lucero), cuando me tomaba la foto. Ese día y hoy, puedo sentir que todo fue, es y siempre será posible si lo deseamos y ponemos en ello nuestra energía y nuestro corazón.
Sí, acéptalo. Podemos adaptar un pequeño espacio verde hasta sentirlo como toda una planicie en medio de un inmenso vergel, en plena isla caribeña, espesura selvática o amplitud pampeana.
Pero vivimos tan presos, que nos parece habitual sentir la impotencia de vivir en lugares restringidos, sin aire, con paredes carcelarias rodeando nuestra vida, como compartimentos cerrados en el zoológico humano, lo sé… Pero, es sólo una apariencia aceptada como realidad. Rompé con eso. Si te decidís, ahora mismo, podés hacer una isla personal, un refugio anti tristezas, en el pequeño jardín de tu casa o en la amplitud infinita de tu alma.
Vivimos confundidos y dormidos. Solemos buscar las flores fuera de nuestra vida y allí viene la decepción, porque la mayoría de nuestros espacios externos, en este tiempo, son páramos, desiertos, planicies yermas, desolación, desesperanzas.
Ahora, te quiero hacer un regalo. Abrí la mano. Aquí va un puñado de semillas imaginarias para que germinen y florezcan en tu corazón. Después, te invito a sentarte a mi lado y sonreírle juntos a la vida, aunque no haya ninguna cámara que registre la verdadera felicidad que da saber que estamos vivos. Siempre habrá un sol, madurando el fruto, alentando a la abeja, provocando arco iris después de la lluvia, y cobijando nuestros sueños. Sólo hay que saber descubrirlo, tras cada tormenta.

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One Response

  1. 1 Claudia Farah
    2010 Mar 01

    Oscar, disfruté cada una de las palabras de este sitio y las sigo disfrutando desde siempre. Quizá recién ahora me tomo el atrevimiento de la palabra en público, pero nunca fue necesario para mí, ni para vos. Yo he tenido siempre la suerte de escucharte en persona y dialogar con vos. Muchas veces haciendo un esfuerzo intelectual para comprender toda la dimensión de tu mensaje, y otras como si estuviéramos jugando en un arenero y tuviésemos ocho años cada uno. Uno de esos días fue el de la sesión de fotos. Una experiencia muy buena para los dos. Hubo un juego, un experimento, una búsqueda de mi ojo y de mi máquina que sentí siempre incorporada en mi carne, hubo un acercamiento de almas, una comunicación, y una entrega total de tu parte, abriste tu alma y me invitaste a pasar, y ya no pude pensar ni hablar, solo fuimos emoción y arte. Así lo viví yo.

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