“LADRAN, PANCHO. SEÑAL QUE DESTACAMOS”
08 Mar 2010

Si no te gustan las notas que incluyen algún comentario auto referencial y no son tan gratas como las complacientes, te sugiero que no leas ésta y sigas con la próxima. De lo contrario, me expresaré con total libertad, como hago siempre en esta página. ¿OK.? Entonces sigo…
Parafraseando al Hidalgo Caballero Don Quijote de la Mancha, creo que esta nueva máxima que se me ocurrió crear: “Ladran, Pancho. Señal que destacamos”, tiene cada día más representantes y no perderá vigencia, por la propia condición humana.
No pretendo dar lecciones de moral. Tampoco intento cambiar tu forma de ser. No soy yo quien debe ver tus propias virtudes, envidias o miserias. Simplemente, asumo mi rol de guía y pensador independiente de la aprobación ajena. Puedo ser un provocador o “estimulador” de consciencias (para que despierten), si se me aceptan estas definiciones… y si no, también. Me cansé de escuchar reclamos de los que quieren que hable o piense como ellos. Que escriban ellos, entonces. Yo no vine a copiar ni a adocenarme, siguiendo moldes viejos. Vine a este mundo a sugerir cambios. Y ya lo tengo más claro (como misión) que mis propias cosas terrenales. Aquí va el análisis, más exhaustivo ya que también hablo por experiencia propia.
Cada vez que nos destacamos en algo, surgen inexorables los que se convierten en detractores, o al menos los que le buscan el lado B, o la parte oscura a nuestros éxitos.
Allí aparecen los envidiosos, con su bagaje de críticas infundadas, que ni siquiera pueden sostener sus argumentos, cuando se los increpa para que justifiquen su opinión o documenten por qué dicen que estamos equivocados.
Te anticipé que esta entrada tendría detalles personales, porque en mi propia carrera de escritor, la medida de lo que iba consiguiendo destacarme me lo daba el aumento (directamente proporcional) de las críticas que recibía, incluso de mi propio entorno familiar.
-“Estás triunfando, Oscarcito”-me dije un día. No te quepa duda. Ya tenés quien se ocupe de tu obra porque existe, aunque sea para desmerecerla”.
Obviamente, el tiempo y mi propio crecimiento, me dijeron que los descréditos, casi siempre son elogios encubiertos. El mediocre no tiene la dignidad de aceptar y aplaudir abiertamente a otro, como lo hace el digno. Prefiere desacreditar al capaz, para no sentirse tan inútil. ¡Pobre, que miserable y vacío se lo ve, cuando uno le saca la máscara!
A mí me inspiran casi lástima y no lo siento por soberbia, sino por consciencia. Esas personas, en lugar de procurar emular, estimularse, y hasta “imitar” (que no es lo mejor, pero sería rescatable como intento), se ponen a ensuciar la trayectoria del triunfador. Claro, que no pueden. Su estrategia dura lo que tarde el oyente en notar su mala intención. Después ya no se los tendrá en cuenta. Uno seguirá valorando a sus referentes, sean éstos escritores, artistas, músicos o la especialidad que practique cada creativo, por lo que le aporta a su alma y no por el descrédito que pretende instalar el criticón. Yo ya no busco aceptación. Hago y digo lo que siento. Tampoco le respondo enojado a los que disienten y hasta intentan ofenderme con sus comentarios. No pueden lograr lo que uno no acepta. No pierdo más energía. Sólo acepto la opinión constructiva.
Un párrafo aparte merece la envidia, uno de los pecados capitales. Esa bajeza humana se presenta con mucha más frecuencia que la deseable. Pero está muy instalada y hay que convivir con ella. Yo tuve, en mi propia familia, integrantes con pocas luces, que desmerecían mis publicaciones porque las calificaban (despectivamente) como “libritos de auto ayuda”, como si fueran simples cuadernillos que vienen gratuitos en los diarios del domingo. Y en aquel momento, me dolía.
Pero la Vida, el Universo, les tiró por tierra, sus definiciones porque seguí creyendo en mí. Y no fue fácil llegar a ser Oscar Capobianco. Pero hoy soy fruto de mí mismo y ya es casi una marca registrada respetada por la gente inteligente.
Lo prueba, incluso, la repercusión de este sitio oficial. Es todo un logro de mi ser interno. Para algunos un motivo de vanidad. Pero no me hace mella. Confieso que siento el hermoso desafío de mantener ese nivel de respeto que recibo de mucha gente. Quiero generar textos cada día más profundos, útiles y perfectos desde lo técnico. Pero hay muchos que saben valorar lo que reciben de un escritor.
Y el caso más emblemático, de mi producción, es “Vivir en Violeta”, uno de los libros más recomendados y queridos (incluso por mí). Este título sigue abriéndome puertas en todo el mundo. Viajo mucho a dar conferencias sobre su temática metafísica e integro Fundaciones, gracias a lo que genera en el alma del lector, por su mensaje. Me prestigia, me llena de amigos, de gente agradecida por lo que recibe de su contenido.
Y yo les aseguro y lo haré mientras viva, que no fue escrito con la idea de vender o conseguir un lucro comercial. Salió por inspiración divina, vino por canales de mi alma que están en contacto con la Fuente de Vida Superior. Por eso lo amo. Por eso, vinieron luego los dos títulos (“Crecer en Consciencia” y “Regresar a Casa”) que integran una trilogía. Nada ocurre por casualidad, lo sabemos. Estoy cosechando el fruto de la buena semilla que sembré en tierra fértil, y no voy a perder un minuto más de mi vida, combatiendo al ignorante. Trataré de darle todo lo que pueda de la Luz que Dios puso en mi corazón. Y como te imaginarás, el remate de esta nota está cantado: “Ladran, Pancho. Señal que destacamos”.
Leave a reply
You must be logged in to post a comment.