TENDER LAS MANOS ABIERTAS

Nos pasamos la vida hablando de solidaridad. Creemos ser los más nobles, serviciales y generosos. Y suponemos que, con un solo acto podemos silenciar a la consciencia. Pero ella no se deja sobornar con apariencias. Cuando algo se hace por culpa, por obligación o por la insistencia del pedido de alguien, eso no es ayuda. Eso es un trueque casi indigno. Estamos negociando, (aunque no nos demos cuenta) porque nos sentimos mejor que negando. Pero en el fondo, la acción está contaminada de interés. Puede ser sutil, sin mala intención, pero no es lo que ennoblece. Tender las manos abiertas, también significa las manos llenas, para dar. No para que nos den algo y cerrarlas luego atesorándolo. La idea es entregar lo mejor de nosotros, incluso con la palabra oportuna, el silencio respetuoso. Ayudar a levantarse al caído, sin crearle una deuda. Darle un apoyo y que se tome de nuestras manos para salir de su dificultad. Eso es parte de la dignidad de ser un semejante consciente y útil. Un signo de estar actuando bien puede ser que nos de felicidad lo que hagamos por el otro, que nos alegre el día, que nos haga dormir más tranquilos. Entonces estaremos creciendo hacia la solidaridad, esa palabra que es más que un llamado y se convirtió en parte del slogan para solicitar dadores de sangre. Tenemos que ser ofrendadores de vida. Y esa vida es más bella cuando nos sabemos y nos sentimos útiles. Todo es más gratificante al ver el éxito de quien pudimos ayudar a superar su dolor o necesidad. No hay nada más hermoso que hacer sonreír a quien está triste. Y tal vez, allí, tender las manos abiertas, sea sólo una metáfora, porque estaremos dando el corazón abierto y, por ende, amor que se suma a otras tantas manifestaciones del amor y crece.

Votación: 8.9/10 (66 votos cast)

TrackBack URI | RSS feed for comments on this post


Leave a reply

You must be logged in to post a comment.