Hemos escuchado decir muchas veces que vivimos en una jungla de cemento. Y la metáfora sigue estando muy vigente, si observamos el comportamiento habitual del hombre en distintas circunstancias y, fundamentalmente, en el trato con los demás. Todavía, y a esta altura de la civilización, lo vemos actuar en forma torpe, primitiva e irrespetuosa. Algunos ejemplares de esta sociedad moderna parecen incivilizados cavernícolas y recién llegados de una cacería en medio de la selva, con la presa todavía al hombro y su lanza aún chorreando la sangre de la víctima.
Si a esto le agregamos que sueltan una risotada desmedida en volumen y luego muestran una sonrisa idiota como justificándola, tenemos (sin mucho esfuerzo) la presencia de un primitivo absoluto. En contraposición, su interlocutor puede ser un educado caballero, con profundos conocimientos intelectuales, enfundado en su impecable remera blanca que, no obstante, lo trata con sumo respeto y cordialidad. (No hay que comparar esta descripción con el “personaje” que has reconocido (en dos versiones) en la ilustración de esta nota… ja…ja.)
Pero, como ya se dieron cuenta, en esta reflexión quise incluirme, con una cuota de ironía y humor, casi una autocrítica (aunque hace rato que dejé la lanza y el escudo).
Por eso voy a compartir con ustedes una nómina (un poco al azar) de actitudes y conductas que vemos a diario y corroboran lo que digo. Estos “representantes de la prehistoria”, en ciertas ocasiones suelen actuar así:

* Cuando van a pagar, lo comprado en un negocio, tiran los billetes sobre el mostrador, casi con desprecio, en lugar de darlos en la mano del vendedor. Signo inconsciente de soberbia, como si los demás estuvieran a su servicio y fueran inferiores. Tener dinero para comprar no significa ser mejores ni dueños del otro.

* Si estos especímenes tienen que decir algo, los puede la ansiedad y atropellan. Entran (sin permiso) al despacho u oficina, y se acercan alevosamente, sin respetar la privacidad de quien está hablando con otra persona. Así lo interrumpen sin ningún miramiento. Esto no sólo incomoda y ofende a quienes están ocupados en ese diálogo, sino que los hace sentir (indirectamente) como si ellos estuvieran en falta, cuando en realidad están en su lugar y su derecho.

* En otra reunión o conferencia, donde se desarrolle una conversación profunda y de gran contenido, de verdadero interés para el grupo que participa, pero donde él no entiende, suele aparecer como ese seudo gracioso que irrumpe e interrumpe con un mal chiste y totalmente fuera de contexto.
En el mejor de los casos, y para disipar un poco la molestia que provocó ese desubicado, alguien quizá esboza una sonrisa, mientras los demás cabecean en silencio como pensando… ¿cómo puede ser tan bruto?
Convengamos que al torpe no le cuesta ningún trabajo serlo. Es su naturaleza primaria y no un talento diferente y creativo.

* Están, en este lista, aquellos que estropean lo que les prestamos, y cuando lo devuelven (si es que lo hacen sin que tengamos que reclamarlo varias veces) ni siquiera se disculpan adecuadamente por ese deterioro, porque no lo vieron. Para ellos es natural ese mal trato a cosas y personas.
Pero ni se te ocurra decirle que pensás o sentís distinto. Te va a tildar de “exquisito” y ese mote es tan discriminatorio como el de “burdo”.
Lógicamente, a nosotros no nos importa lo que piense y seguiremos acordes a nuestra conducta. Pero ese individuo volverá a aprobar otra materia en su graduación de insensible y cavernícola. Seguirá sin comprender los códigos de la convivencia respetuosa que se debe mantener con los semejantes, hasta que alguien lo corrija.

* Otro ejemplo, de esa rudimentaria manera de ser, lo simboliza el hecho de verlos ocupando un asiento en el colectivo, al cual acaba de subir una señora mayor que lo necesita, una madre con su bebé en brazos o alguien que no está en condiciones físicas de viajar parado… y no se lo ofrecen. Como también vemos cuando no ceden su lugar, a quien le sigue en la cola de la caja de un supermercado, cuando ven que esa persona sólo tiene que pagar un producto y él tiene treinta para abonar.

* Y finalmente, recuerdo a aquellos soberbios que creen que el mundo les pertenece y todos los demás le estamos usurpando su lugar.
No nos preocupemos por hacer que modifique su actitud, pero hagamos uso de nuestro derecho marcándole su conducta antisocial sin caer en sus mismos códigos. Hagámoslo en forma privada y (si me permiten el detalle) de manera “piadosa” no sólo respetuosa, pero que sepa que estuvo mal.

Bien, ahora hago una regresión, vuelvo a mis ancestros primitivos, dejo al escritor por un rato y me calzo el taparrabos, salgo a cazar un jabalí, después lo abro al medio y lo pongo a asar (con cuero) en la vereda del Congreso Nacional, para “morfarlo” tranquilo con mis “gomías”, sobre un “jónca” de manzanas. Le agrego un par de litros de “novi totin” en tetra… un “feca” y unos “fasos”… y a otra cosa, mariposa…

Mientras otra parte mía, más evolucionada tal vez, piensa de qué va a versar la próxima conferencia o la entrada filosófica de mi página… (¡hombre multifacético y completo, si los hay… es éste, que te escribe)
Perdón, pero ahora los dejo porque llegó mi asistente que trajo el sushi, el champagne y el tiramisú… jaja.

Votación: 8.7/10 (82 votos cast)

TrackBack URI | RSS feed for comments on this post


Leave a reply

You must be logged in to post a comment.