Toda persona, en algún momento de su vida se enamora, y en pocas semanas cree haber encontrado a ese ser “especial”, a quien será su mejor compañía. Más tarde se deslumbra con las felices coincidencias que lo hacen “el uno para el otro”, pero…
En en la primera diferencia seria de opiniones, se empieza a descascarar la pintura de la fachada, (y no me refiero al aspecto físico por el correr natural de los años), sino a la máscara de la hipocresía que -por la fuerza de la verdad- pierde consistencia y se empieza a desprender.

Poco tiempo más adelante, vemos el interés que la acercó a nosotros, y aquella dulce voz de los “te quiero”, pasa a ser la amarga presión de los “te exijo”… y en varias diferencias posteriores, sentimos cómo se va cargando nuestra vida de heridas en el alma, sumando las escenas desagradables de celos enfermizos. Empezamos a sentir (sobre nuestras espaldas) algo muy pesado. Un animal muerto que no teníamos cuando estábamos solos: Es la incipiente mochila del hartazgo, un paquete inmerecido y más grande que nuestra resistencia. Algo inmanejable que nos aplasta y parece contener más pertrechos militares que dulzuras, y que va aumentando su peso a medida que discutimos con nuestra des-pareja…

Y un día, al fin, esa cruz de plomo metafórica, se hace insoportable. Pero todo tiene un límite en nuestra tolerancia, y por fin, tiramos de una vez el pesado lastre de esa mala compañía. Entonces sí, Bendito sea Dios, recuperamos totalmente nuestra identidad, nuestra paz, nuestros silencios, nuestra salud mental y espiritual, nuestra autonomía. Al fin, volvemos a vivir sin la horca en el cuello.

Pero muchos, por cobardes, prefieren seguir mal acompañados, con tal de tener algún receptor de sus berrinches, y no se animan a provocar el parto por cesárea, hacer el hueco necesario, y poner la suficiente y saludable distancia entre ambos contendientes.

No soy ignorante, lo sabés. Todo lo contrario. Admito que cuesta y reconozco que se puede sufrir un poco o mucho los primeros tiempos por esa “supuesta soledad” que da el corte, pero vale la pena, es un regalo del cielo, y el resultado después es maravilloso. Salimos del engaño auto impuesto. Y en pocas semanas vamos notando cómo se instala la verdadera libertad de nuestro ser, las primeras lágrimas se convierten en canto. Una canción que crece a medida que la cantamos más alto, más entonados, sin la garganta velada por las discusiones estériles. Volvemos a la magia de ser nosotros, completos, enteros, luminosos, algo que nunca debió perderse.

Y vuelve a reinar a pleno, esa paz de la casa en silencio, se renuevan las plantas y proliferan las flores. Empiezan a repoblarse de luz nuestros jardines. Una primavera cultivada por nuestra capacidad de ponerle testículos a la situación y recuperar la dignidad de no ser más usados. El ser sin ataduras emocionales vuelve a ejercer desde nuestro corazón. Algo que no se negocia. Liberarse de una pareja, que fue una condena, no significa vengarse ni hacerle mal a nadie. No queremos provocar dolor, sino aliviar y eliminar el nuestro. Volver a lo que uno quiere, ser dueño de pensar, sentir, viajar y hacer lo que nos plazca (que no daña a nadie por supuesto, sino para dar alegría a otra gente, a los demás) pero sin dar cuentas ni justificar lo que sentimos a nadie.

Clickeá en el texto verde y seguí leyendo que ahora viene lo mejor…

Cuando hablo de liberarse de esas patologías ajenas, entiéndanme bien, me refiero a la otra libertad que merecemos. La que se alcanza volviendo al ser interno, la que nos permite ser cómo somos sin dar explicaciones a nuestras ex parejas (llámense torturas vinculares o seudo amores), y sus histerias cambiantes. Ya no caeremos en ese mismo error. Al menos si somos inteligentes. Si nos volviera a pasar (cosa que dudo, en mí); en diez días estaría cortando el lazo y declarando abiertamente nuestra liberación. Sin más argumentos, sin dar explicaciones, sin “gastar pólvora en chimangos” -como dicen en el campo. Ya se habló demasiado con el “karma afectivo” anterior, y fue inútil. Los objetivos eran distintos, no son compatibles, son insufribles. Y si seguimos creyendo que algo puede cambiar con alguien que siente distinto, perdemos el valioso tiempo de un nuevo amor. Nada cambió ni cambiará en la vieja pareja. Tal vez reaccione cuando se pegue varias veces más la cabeza contra la pared. de insistir en este infierno, sólo se sumarían repetidos y nuevos reclamos, necias posturas de modificar la conducta del otro. Y así estaríamos sumando más días de tristeza, a una decisión drástica (que sólo lleva unos minutos) Armar un paquete con todo lo viejo del pasado y salir “li…via…ni…to…” a vivir nuevamente. A ser otra vez como somos, como queremos ser. Sin la mochila nauseabunda de lo que ya está muerto. Que todo lo anterior, se quede con sus miserias y rencores… a un costado del camino. Que la cargue otro, si le sirve.

¡Pobre nuestra felicidad, se demoraba (sin ser su voluntad) retenida por ese pesado lastre! Allí, abajo, quedarán las ataduras que nos impedían el despegue y bien lejos del vuelo por cielos abiertos.

Pero ya no las veremos, que las miserias humanas, hagan su propia historia de fracasos. Ahora recuperamos el cielo. Y en ese cielo nos estaba esperando el nuevo amor. La nueva pareja humana, o simplemente, las renovadas ganas de volver a amar a otra persona. Pero esta vez, de verdad, sin mochilas. Desnudo y con el corazón en la mano. Podés enojarte, ofenderte, criticarme, decir lo que se te ocurra. Es tu derecho. Ya nada me afecta lo que pienses. Que Dios te de el triple. Entonces cuidate bien por lo que me deseas.

Ahora, ya no hay obstáculos en mi camino de ascenso. Aprendí a perdonar desde lo más puro de mi corazón y deseo que Dios bendiga a cada uno de los que pasaron por mi vida, por lo bueno que recibí de cada uno de mis amigos y de mis amores (como la propia R.R.) Lo vacío de su corazón ya no me llega. Ya nada me afecta. Soy suficiente autoridad sobre mí mismo para sentir y opinar como quiero. No tengo patrones, ni jefes, ni problemas de consciencia por actuar como siento. Sí, bendigo a Dios por el nuevo grupo de amigos y la paz del flamante entorno que generé y merezco. Duermo tranquilo, en brazos del Ángel, que es mi socio liberador y vino mandado por Dios. Te deseo la misma paz. De corazón.

Si te molestó esta nota, si no coincidís conmigo, si no abrís más mi página el problema es tuyo, ya me da igual. No dependo de tu aprobación, pero valoro tu respeto a mi absoluta independencia. Y si no me la reconocés es prueba de tu egoísmo. Espero que seas más inteligente y no te metas dondeno te llaman, ni en mi vida donde no te corresponde… ¡Eh… ¿que pasó Capobianco? ¿Te enojaste? No. Solo me expreso con todo mi derecho y sin miedo al rechazo de tu limitación. Me declaré mi propia independencia y no hace falta que sea el 9 de Julio… Está claro? Gracias a los que me agradezcan esta honestidad. Me importa un pito los que disientan conmigo. No necesito adeptos, sino apunto a los aptos.

(Ah, termino diciéndote quue podés enojarte, ofenderte, criticarme, como hizo la psicóloga idiota cuando le descubrí su “negocio” con el dolor ajeno, y decir lo que se te ocurra. Es tu derecho. Yo voy a leer todo comentario, pero no significa que lo tenga en cuenta. Ya nada me toca ni me afecta. Pero sería bueno que no seas vulgar como tanto ignorante, y reflexiones sobre este pensamiento sin la postura de las viejas chusmas. No empieces a decir que esto lo digo porque a mí me pasó con tal o cual noviecita. No. Es simple coincidencia temática. Y si soy duro, a veces, para escribir, es porque no espero aprobación. Porque cambio mi vida y mi opinión tantas veces haga falta.

Tuve la experiencia de haber conocido distintos personas y diferentes amores. Hablo con absoluta propiedad y no “por boca de ganso”. O tal vez, simplemente, te lo recuerdo para que te cuides, te liberes, o porque soy escritor y se me antoja, o porque quiero hacerlo así y a nadie le rindo cuenta…

(Y les anticipo algo que ya sé: a esta entrada la pueden votar con todos los “diez” o “unos” que quieras. Me da lo mismo, ya lo tuve previsto al escribirla.) Cuánto más te enoje, más te toca. Me conformo con que a alguien le sirva para sacarse el pesado lastre de encima. Después, si quieren me lo agradecen… (o la nieguen como advertencia y sigan el calvario). Gracias.

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One Response

  1. 1 of
    2010 Ago 30

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