EL BAJO ASTRAL Y SUS DAÑOS

Durante el sueño, solemos visitar el bajo astral
El bajo astral es una dimensión o plano que integra e impregna, como capa envolvente, al planeta Tierra.
En otra de sus manifestaciones influye, en nuestro cuerpo físico desde su superficie hasta el límite del huevo áurico. Dicho muy escuetamente, ese plano es una de las tantas moradas en la Casa del Padre. En esa dimensión, o escala vibratoria (si preferimos entenderlo dentro de un espectro casi electromagnético) se aglutinan energías y seres, que aún no han aceptado su partida del mundo material, junto a toda desarmonía, idea, trauma, miedo o energía negativa, producida por las malas vibraciones del pensar, sentir y accionar temerosos de los seres humanos encarnados. Nada hay de Dios que debamos temer. Este es un sabio consejo que aún no hemos puesto debidamente en práctica y seguimos sufriendo por nuestra terquedad.
Este submundo, también llamado plano astral, ha sido estudiado y explicado por infinidad de maestros espirituales. Ellos nos han advertido de sus riesgos, en lo que respecta a tomarlo como una curiosidad (juego de la copa) o una panacea (pedido de ayuda celestial) usándolo como medio para llegar a obtener favores de los dioses, ángeles, o entidades de mayor jerarquía. Algo que jamás ocurre en esa dimensión, ni a través del espiritismo. Ya hay que trascender esas prácticas si queremos alguna evolución en el escaso tiempo que le queda a esta civilización de superficie.
El bajo astral existe como plano dimensional, lo que equivale a decir que está comprendido en una escala de la frecuencia vibratoria total que integra el mundo físico en contacto con el inmaterial. Para calificarlo en forma más simple y accesible a quienes nunca oyeron hablar de esas “realidades”, diría que es un mundo, tan inofensivo como peligroso, y su influencia depende de nuestra propia filosofía de vida, evolución espiritual y nivel de conciencia.
Cuando nos quedamos estancados en los sentimientos negativos, vivimos resentidos, enojosos, vengativos, y no hacemos otra cosa más que alimentar y acercar la influencia de este plano.
Si una persona cae en la tentación de obtener favores rápidos y mágicamente concedidos por ciertos falsos maestros o practicantes de artes adivinatorias, médium, seudo brujos y chanta-manes (no confundir con chamanes) corre el riesgo de adosarse un nuevo mal, en lugar de liberar el sufrimiento o solucionar su angustia existencial.
Debiéramos dirigirnos siempre a la Fuente Única, al Máximo Hacedor de Todo Bien, dejando de hacer “paradas intermedias” en falsas estaciones de nuestro viaje por la vida.
En la civilización que integramos, y parece ir indefectiblemente a su desintegración, todavía no hemos asumido que generamos nuestros propios infiernos, dando cabida y autoridad a los malos pensamientos, regodeándonos en lo trágico y aplaudiendo espectáculos basados en la desgracia, el crimen y la miseria, ignorando que eso suma pesar, miedo, impotencia, y otras debilidades, frente a situaciones que debiéramos aprovechar sólo para aprender a vivir con mayor armonía y equilibrio. Siempre que trato estos temas o algunos vinculados a los misterios del universo y la vida terrenal, me siento inspirado para terminar mis notas con el mismo consejo, (hasta que lo aprendamos): Démosle entrada a nuestra razón y a nuestra mente superior, a todo lo bello, sano y productivo que se nos pueda ocurrir o que recibamos de personas positivas. Desoigamos con plena conciencia a los agoreros de calamidades.
Ya hay suficiente desarmonía en el mundo actual, como para seguir sosteniendo la vigencia de las fuerzas involutivas. Esas energías y entidades están en etapas inferiores de su camino hacia la Luz, pero no actúan solas, necesitan de nuestra “aprobación” (aceptación, incluso inconsciente) para manifestarse y actuar perturbando nuestra vida. El hombre es el fabricante de sus fantasmas y perseguidores. No existen los monstruos si uno no los crea.
Quien se encamina por el sendero del servicio y el amor a sus semejantes, jamás será víctima del bajo astral. Y cuando llegue su momento de desencarnar, pasará de largo esa franja de baja vibración sin sufrirla, para recalar más “arriba”, más cerca de Dios y de sus maravillas en el último cielo.
Ojalá tengas una vida llena de amor y al amparo de los “Altos Astrales”.

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